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Full text of "La reforma constitucional i la administración Balmaceda : discurso pronunciado en la Cámara de Diputados los dias 14 i 15 de julio de 1891"

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LA REFORMA CONSTITUCIONAL I 
LA ADMINISTRACIÓN BALMACEDA 




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NORTH CAROLINA 




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1891 



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LA REFORMA CONSTITUCIONAL 



I UlA. 



ADMINISTRACIÓN BALMACEDA 



DISCURSO PRONUNCIADO 



EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS LOS DÍAS 14 1 15 DE JULIO DE 1891 



Por el señor Ministro del Interior 



Don Julio Bañados Espinosa 



SANTIAGO DE CHILE 

IMPRENTA NACIONAL, CALLE DE LA MONEDA, N.° 112 

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ADMINISTRACIÓN BALMACEDA 



LA REFORMA CONSTITUCIONAL 



I L.A. 



7 



ADMINISTRACIÓN BALMACEDA 



DISCURSO PRONUNCIADO 



EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS LOS UTAS 14 1 15 DE JULIO DE 1801 



Por el señor Ministro del Interior 



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Don Julio Bañados Espinosa 




SANTIAGO DE CHILE 

IMPRENTA NACIONAL, CALLE DE LA MONEDA, N.° 112 

1891 



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REFORMA CONSTITUCIONAL 



Discurso del Señor Ministro del Interior 
Don Julio Bañados Espinosa 



(Sesión de la Cámara do Diputados en 14 de Julio) 

Antes de entrar al fondo de la cuestión, tengo que pe- 
dir una escusa i hacer una aclaración. 

Necesitaré para espresar mis ideas tiempo superior 
al que deseara por consideración a mis colegas, i por ello 
pido escusa i exijo benevolencia. 

Han sujerido en algunos una duda las firmas que apa- 
recen en el proyecto de la honorable Comisión Mista. 
Se cree que los firmantes, han aceptado todas las par- 
tes de la reforma. Nó. Debe estimarse la lista de firman- 
tes, solo como los que han asistido a las diversas sesiones 
de la Comisión. Las opiniones i votos de cada uno de 
ellos se encuentran claramente especificados en las actas 
de las sesiones, i allí se podrá ver lo que del proyecto ha 
aceptado cada cual. 



— 6 — 

Siempre se ha estimado, señor Presidente, por hom- 
bres de Estado i pueblos la reforma de una Constitución 
como problema considerable, como asunto trascendental- 
mente unido a la vida i existencia de las naciones. 

I esto es lójico. 

La Carta Fundamental es la lei de las leyes, es el ci- 
miento sobre que se constituye el edificio político, adminis- 
trativo i social de un pueblo, es el punto de arranque de 
la lejislacion i es la base en que reposan las institucio- 
nes, los derechos individuales, las libertades públicas i los 
poderes que forman el Gobierno del Estado. 

Las leyes, como reflejos que son de los cambios ince- 
santes que esperimentan las sociedades en los diversos 
centros de su actividad económica, industrial e intelectual, 
tienen necesariamente que modificarse, hoi i mañana i 
siempre, a medida que aparezcan nuevas necesidades, 
nuevas exijencias i hasta nuevas preocupaciones en la vida 
de los pueblos. 

No sucede lo mismo a la Constitución. Encarna i sin- 
tetiza la fisonomía política i social de un pais, en una 
época dada, i a veces en mas de un siglo dado. 

De aquí porque sus mutaciones marcan una etapa 
en la existencia nacional, concurren con hondas crisis 
i se hermanan con aquellas tremendas convulsiones que 
de tarde en tarde derrumban tronos, cambian Gobiernos 
i destruyen obras seculares. 

¿Estamos hoi en estado de operar en nuestra Carta 
Fundamental cambio radical? 

Los acontecimientos de que es hoi teatro sangriento la 
República ¿justifican reforma trascendental en la Cons- 
titución que nos rije desde 1833? 

Creo que sí. 

La reforma actual tendrá cuna igual a la que se 



_ 7 — 

hizo en la Carta de 1828 i que dio por resultado la Cons 
titucion de 1833. 

Los padres de nuestro réjimen constitucional se encon- 
traron como nosotros en medio de la anarquía producida 
por serias revoluciones i su obra casi alcanzó a ser salpi- 
cada con la sangre de Lircai. 

Ambas reformas son la resultante de profundas pertur- 
baciones políticas i sociales. 

En mas de un espíritu han asomado dudas acerca de 
la oportunidad de la reforma que está en discusión. 

Se cree que debe esperarse nuestra victoria defini- 
tiva. 

El Gobierno no piensa del mismo modo. 

Aquí i allá, por entre los subterráneos en que viven 
escondidos los principales corifeos de la revolución, en la 
prensa que se publica en el territorio del Norte i en las 
diatribas que lanzan en diarios estranjeros, se oye o lee 
en todos los estilos i tonos que el Gobierno del Excmo. 
señor Balmaceda, al resistir con enerjía el motín i la re- 
belión, solo busca satisfacción de amor propio, de va- 
nidad política o de odios contra sus adversarios. 

Aunque esto es absolutamente contrario a la verdad 
de los hechos, sin embargo, habria quizás apariencias de 
razón, si la actual administración limitara su obra a do- 
minar i vencer a los revolucionarios. 

Necesita probar, i mui en alto, que la obra de resisten- 
cia, de sinsabores, de sacrificios i de amargura de todos 
los momentos que lleva a cabo con patriótica firmeza, 
obedece a grandes principios administrativos, es hija del 
respeto a gloriosas tradiciones de'buen gobierno en Chile., 
es fruto de sincero amor a reformas políticas vinculadas a 
la estabilidad de nuestras instituciones i es el resultado 
de noble defensa del programa de un partido que tiene 



— 8 — 

brillante bandera, que posee h ondas raices en el corazón 
del pueblo i que es depositario de sagradas doctrinas. — 
(Aplausos). 

Por esto es que el Presidente de la República i sus 
cooperadores tienen doble misión ante su propia concien- 
cia, ante sus conciudadanos i ante la historia. 

La una está entregada a las armas: — la victoria contra 
la revolución. 

I la otra entregacta al patriotismo del Congreso: — re- 
formar la Constitución en forma i modo que se haga 
imposible para el porvenir la repetición de conflictos de 
poderes que turben la paz pública. 

Si vencemos, nuestra obra será duradera. 

I si somos vencidos, caeremos como buenos envueltos 
en la bandera de nuestros principios de nuestras convic- 
ciones i de nuestras doctrinas de gobierno. — (Aplau- 
sos). 

En el primer caso dejaremos implantado todo lo que 
creemos honradamente útil i bueno para la felicidad de 
Chile. 

I en el segundo, habremos probado al mundo entero, 
que resistimos i luchamos, no por inestables intereses de 
actualidad, ni por pasiones que viven lo que las olas, sino 
por seguir el ejemplo de los padres de la patria que todo 
lo subordinaron al orden público, por defender el princi- 
pio de autoridad que en Chile ha sido freno poderoso 
contra los rebeldes i la dem agojía, i el mas eficaz sostene- 
dor del progreso i de la paz interior. I como coronamien- 
to de estos deberes cívicos, comunes a todos los partidos 
que sean serios, nos presentaremos como leales i sumisos 
defensores de nuestro programa político, del credo de 
nuestro partido, de todo lo que en nuestra cabeza i en 
nuestra conciencia aparece como bueno i necesario par 



fundar sobre sólidas bases el engrandecimiento de la pa- 
tria. — (Bien, muí bien). 

Ademas de estas razones de decoro político, el Presi- 
dente de la República tiene para exijir el pronto despacho 
de la reforma, motivos de otro orden, no menos dignos de 
respeto i de justicia. 

Ante el tribunal de la posteridad no tendría justificación 
atendible la convocación de un Congreso Constituyente 
con facultades estraordinarísimas i escepcionales, aconte- 
cimiento que se ha verificado solo hace sesenta años, sino 
con la ejecución de una reforma patriótica i necesaria, 
patriótica en los móviles, necesaria para la tranquilidad 
pública, para el funcionamiento del gobierno i para la es_ 
tabilidad de las instituciones. 

Estima el Excelentísimo Presidente de la República 
que el remedio contra todos los males que aquejan nues- 
tro sistema constitucional, está en abrir ancha sepultura 
al parlamentarismo que levantan como pendón los revo- 
lucionarios, i en fundar sobre sus ruinas el sistema repre- 
sentativo, tal como lo aconsejan la ciencia política, las 
dolorosas esperiencias de la última época i la práctica de 
las repúblicas mas libres del mundo. 

La aprobación de la reforma constitucional i la implan- 
tación del sistema representativo, son pues cuestiones de 
vida o muerte para el Gobierno, i el Gabinete, en la 
emerjencia de que no encontrara apoyo en ambas cosas en 
el Congreso, se veria obligado a dejar el puesto de res- 
ponsabilidad i confianza que ocupa en el movimiento polí- 
tico de actualidad, 

A mí me ha cabido en suerte haber sido el primero en 
Chile que ha señalado el sistema representativo como el 
medio mas lójico de concluir con los antagonismos de po- 
deres que se han venido produciendo en los últimos qu nce 



— ló- 
anos. Me anticipé a los acontecimientos, anunciando ho 
ras de turbación i amargura para Chile, si no se ponia 
con tiempo remedio a los peligros que se diseñaban en 
el horizonte. 

No debe nadie estrañar, entonces, mi obstinación i el 
propósito inquebrantable que tengo de luchar con enerjía 
hasta obstener lo que estimo la salvación del porvenir po- 
lítico de Chile. 

Na faltan quienes tengan recelos al dar estension a la 
reforma i creen que bastaria limitarla solo a los puntos 
que han determinado el divorcio entre el Ejecutivo i el 
Congreso pasado. Estiman que la época de efervecencia 
en que estamos i de revolución es obstáculo tal, que 
no justificaría reforma de trascendencia. 

Es hecho histórico digno de recordación, saber que 
precisamente las Constituciones mas famosas del mundo, 
las que aparecen como las tablas de la lei en el Sinaí de 
la historia, han sido dadas durante grandes convulsiones 
políticas, en medio del fuego de ajitadas luchas sociales o 
de guerra civil. 

Esto borrará de nuestra mente todo escrúpulo. 

Así la Francia, cuando lanzó en 1789 el grito de li- 
bertad que sacudió los tronos europeos i que vino a 
reaccionar contra varios siglos de despotismo monárquico, 
lo primero que hizo fue convocar Asamblea Consti- 
tuyente i promulgó la Constitución de 3 de Setiembre de 
1791, precedida de la famosa Declaración de los Derechos 
del Hombre. La discusión de esta Carta se hizo entre 
hondas disenciones intestinas, poco después de las dolo- 
rosas escenas de 1790 i de la fuga del Rei, i poco antes 
de los dramas de sangre que mancillaron la Revolución 
Francesa. 

La Magna Carta, piedra angular de las libertades in- 



— 11 — 

glesas, se arrancó por la fuerza a Juan sin Tierra i se 
promulgó entre luchas civiles que siguieron durante varios 
Reinados de monarcas autoritarios. 

La Constitución inicial de los Estados Unidos, la que 
echó las bases de la Confederación i estableció la unión 
de los diversos territorios que después se convirtieron en 
la primera República del mundo, fué discutida i aprobada 
durante la Revolución de la Independencia, como que la 
sancionó el Congreso en 1777, varios años antes de ter- 
minarse la guerra de emancipación. 

I pasando a Chile nos encontramos que desde 1810 
hasta el abandono total del territorio por las huestes de 
España, se dieron i rijieron las siguientes Cartas i Cons- 
tituciones: 

14 de agosto de 1811. 
27 de octubre de 1812. 
17 de marzo de 1814. 
22 de octubre de 1818. 
30 de octubre de 1822. 
30 de marzo de 1823, i 
29 de diciembre de 1823. 

La de 1833, cuyo estudio i preparación se ordenó por 
lei de 1.° de octubre de 1831, se organizó mientras el pais 
fluctuaba entre motines, estados de sitio i una verdadera 
dictadura de hecho. 

Estos ejemplos nos demuestran que las Constituciones 
se dan o se reforman de un modo estenso, precisamente 
cuando el pais es teatro de grandes revoluciones, de tras- 
tornos radicales o de cambios que hacen lójico alterar las 
reglas que dirijen el Gobierno de un Estado. 

I esto es natural. 

Las enfermedades sociales requieren prontos remedios. 



— 12 — 

Con frecuencia las revoluciones se hacen en virtud de 
anhelos de reforma i el partido que triunfa o domina las 
implanta. 

Pero, supongamos, señor Presidente, que no hubiera 
habido revolución el 7 de enero. Vivamos, aunque sea en 
hipótesis, en la ilusión de que nuestro pais sigue la ma- 
jestuosa marcha de paz i de orden interior que mantuvo 
por treinta años. 

Aun así, con o sin revolución, se habrían consumado 
por el actual Congreso reformas pendientes de suma im- 
portancia i se habrian iniciado otras de mayor entidad. 

La reforma de nuestra Constitución estaba en la con- 
ciencia nacional, figuraba en el programa de todos los 
partidos i era aspiración social. 

Se habia esperado las elecciones últimas para llevar a 
cabo estos anhelos. 

Si hubieran triunfado ellos, habrian implantado en to- 
do su rigor el parlamentarismo. 

Triunfando nosotros, habríamos implantado el sistema 
representativo. 

Los dados habian sido arrojados sobre el tapete. 

Era cuestión de elejir la hora. 

El Presidente de la República, en la reforma presenta- 
da por el Ministerio de mayo i en su Manifiesto de 1.° de 
enero del presente año, habia planteado la cuestión en 
términos claros i categóricos. El partido liberal que apo- 
yaba a la administración i que tenia mayoría inmensa en 
el pais, por su parte, habia estampado en su programa i 
defendido por todos sus órganos de propaganda i de dis- 
cusión, los factores principales de la reforma constitucio- 
nal entre los que figuraba en primer lugar el sistema re- 
presentativo. 

Este movimiento de reforma que como corriente sub- 



— 13 — 

marina se ajitaba en el espíritu de todos los partidos po- 
líticos, obedecía a necesidades sociales, administrativas, 
políticas, internacionales, de orden público i parlamen- 
tarias. 

La Constitución de 1833, violenta reacción contra la 
de 1828, es la resultante del triunfo de un estado social 
contra otro estado social. 

La Constitución de 1828 estaba fundada en la demo- 
cracia, en el Gobierno francamente de todos i para todos, 
en la descentralización, en franco espíritu de libertad i en 
la reducción de la autoridad a sus justos límites. Era la 
encarnación de las ideas que dominaban a los liberales de 
la época i a los corazones mas reformadores i valientes. 

La Constitución de 1833 refleja jenumamente los pro- 
pósitos e ideas de sus autores. Estos representaban la oli- 
garquía contra el Gobierno popular, la aristocracia colo- 
nial contra las nuevas aspiraciones democráticas, el con- 
servantismo contra las ideas liberales, i el autoritarismo 
contra el desarme del poder omnipotente. 

[Aplausos). 

Es curioso observar que los caudillos de la revolución 
actual sean en parte representativos de los últimos vesti- 
jios de esas mismas ideas i propósitos sociales o políticos. 
— [Muí bien). 

Pretenden el triunfo de la oligarquía contra la inter- 
vención directa del pueblo i de las nuevas jeneraciones. 

En su prensa defienden una falsa aristocracia, tan in- 
fundada i postiza como audaz. 

En el Gobierno de Iquique dominan en absoluto los con- 
servadores, contra los liberales. — [Cierto! en varios bancos). 

I cuando han estado los conservadores en el poder, lo 
mismo que sus principales auxiliares, los nacionales, han 
sido por demás autoritarios i amigos de Gobiernos fuertes. 



— 14 — 

Pues bien, una Constitución como la del 33, represen- 
tativa de tal estado social, es incompatible con las tenden- 
cias, modo de ser i anhelos del pueblo que hoi busca nue- 
vos horizontes de vida en nuestra República. 

Hai contradicción entre las tendencias sociales que do- 
minaron en 1833 i las que hoi dominan a Chile. 

La sociedad i el pueblo de Chile están mucho mas ade- 
lantados que la Carta Fundamental que los gobierna. 

La reforma de la Constitución es un problema resuelto 
ya en el campo de la sociolojía. 

Falta consumarlo en la práctica i en los hechos. 

Luego la reforma constitucional obedece a una necesi- 
dad social. 

Si arrojamos la sonda a la administración del pais, tal 
como quedó después de las luchas parlamentarias produ- 
cidas durante los gobiernos de Pinto, Santa Maria i Bal- 
maceda, veremos que la reforma es exijida con no menos 
constancia por los servicios públicos. 

El tremendo duelo entre el Congreso i el Ejecutivo, 
ocasionado por las tentativas de parlamentarismo en las 
tres mencionadas Presidencias, ha comprometido grave- 
mente, entre las dos añladas cuchillas de los combatientes, 
la unidad i disciplina administrativas, factores indispen- 
sables para conservar la seriedad, la honradez, la respon- 
sabilidad i la fiscalización en los servicios públicos. 

La instabilidad ministerial, primer fruto de esta confu- 
sión de poderes, ha producido hondas perturbaciones en 
las diversas ramas de la administración, i, si se ha salva- 
do el conjunto, es debido esclusivamente a que, entre tan- 
tas tempestades i tan confuso caos, el Presidente de la 
República permanecía de pié como la roca ^contra los 
oleajes, — [Aplausos). 

La esterilidad parlamentaria, segundo fruto de estas 



— 15 — 

batallas de poder contra poder, ha sido remora en el 
movimiento industrial, económico i administrativo de la 
República. Innumerables obras reproductivas i de progre- 
so han dejado de llevarse a cabo, i muchos proyectos de 
grande importancia duermen en los archivos de ambas 
Cámaras, tan solo porque se ha dado preferencia a asun- 
tos políticos i a controversias sobre predominio parlamen- 
tan ). 

I la víctima principal de todo ha sido la administración 
pública. 

He dicho que una necesidad política hace también in- 
indispensable la reforma. 

En verdad, los partidos políticos se organizan mejor, 
viven mas unidos, son mas independientes i se j eneran 
con mas libertad, dentro del sistema de separación de po- 
deres. 

La intrusión constante del Congreso en la política 
del Gobierno, estimula la desorganización de los grandes 
partidos históricos, es incentivo constante para formar 
coaliciones que se impongan en un momento dado, i es 
amenaza permanente contra la disciplina i unidad de los 
círculos parlamentarios. 

Las ansias de poder i el voraz apetito de la ambición, 
nunca saciado i siempre famélico, no se contienen fácil- 
mente cuando tienen en perspectiva medios rápidos de 
llegar a su objetivo. 

En Chile todos buscamos con nervioso entusiasmo, 
casi con desesperación, la libertad electoral. 

Esta libertad tan buscada, no se obtendrá jamas con 
leyes, ni con decretos, ni con promesas, ni aun con sagre. 
■ — (Aplausos). 

Hai solo dos caminos para llegar a este resultado, para 
obtener i ? sobre todo, realizar tan hermoso ideal. 



— 16 — 

El uno es largo i mui remoto: — la educación total del 
pueblo en forma que comprenda a fondo sus deberes i de- 
rechos políticos. 

El otro es corto, se puede conseguir inmediatamente 
hoi mismo i con la reforma de unos pocos artículos de 
nuestra Constitución: — desinteresar al Ejecutivo de las 
elecciones, desinteresándolo de la acción i vida del Con- 
greso. 

Se ha venido luchando porque el Ejecutivo viva no 
con vida propia, sino como un parásito. Se ha tratado de 
subordinarlo al Congreso, de someterlo a él, de encade- 
narlo a sus plantas. No puede cumplir ni sus funciones 
naturales i científicas, sin el apoyo del Parlamento. Si 
está en minoría, o es esclavo o sucumbe. Necesita de ma- 
yoría en el Poder Lejislativo, como del aire i de la luz. 

¿Qué ha resultado de esto? 

¿Qué resultará siempre mientras tal situación se man- 
tenga? 

Que los Presidentes de la República, por instinto de 
propia conservación, por necesidad suprema, para poder 
vivir como seres racionales i libres, se han visto i se verán 
obligados precisa i fatalmente a intervenir en las eleccio- 
nes, porque de estas depende su independencia, i a veces 
hasta su dignidad. — (Bien, mili bien). 

Dejad a cada poder en su esfera propia de acción, de- 
sinteresad al uno respecto del otro, no obliguéis que 
cada cual para vivir tenga que dominar o adueñarse del 
otro, haced que cada uno de los organismos fundamenta- 
les del Estado se asemejen a los árboles del bosque, i 
habréis conseguido la libertad electoral i con ella la for- 
macion de partidos nacionales i la tranquilidad del pais. — 
{Aplausos). 

Los jefes de Estado no intervienen por maldad, ni por 



— 17 — 

él placer de hacer daño. Por cumplir su programa i- sus 
funciones políticas se ven obligados a llevar a cabo esa 
ilegalidad i a falsear uno de los derechos primarios del 
ciudadano. 

Mientras se mantenga la confusión de poderes, resul- 
tará lójicamente que la política será mas personal i de 
círculo, que de ideas i de interés nacional. Cuando los 
grupos de un Congreso comprenden que combinándose 
aquí i allá con este o aquel otro, pueden llegar a obtener 
mayoría i adueñarse del poder, entonces sacrifican la , 
obra lejislativa i optan por la lucha de partidarismo i de 
ambiciones personales. 

Desinteresando al Congreso respecto del Gobierno, los 
partidos se constituirán, mas que a la sombra de pasiones 
de círculo, en torno de grandes aspiraciones de carácter 
nacional. — (Cierto, mui cierto). 

En esta emerjencia los partidos buscarán el poder, no 
por las tortuosidades de la intriga, ni al través de pérfi- 
das maquinaciones, sino en leales batallas electorales i en 
las influencias que desarrollan en el corazón del pueblo 
el mayor talento, el mayor patriotismo, las mayores virtu- 
des civiles i las mejores doctrinas de gobierno. 
■ Hai todavia una necesidad internacional, que exije la 
reforma. 

Prescindiendo completamente de la revolución, quiero 
preguntar a mis horables colegas, si creen que el prestijio 
de Chile en 1889 i 1890 ante el mundo civilizado era el 
mismo que tenia diez años antes. ¿No es verdad que en 
la prensa europea se comenzaban a sentir ya los efectos 
de estas luchas que nos deshonraban como nación seria? 
Pues bien, yo que he seguido de cerca el movimiento 
intelectual europeo de la última época, he visto con dolor 
que a los juicios que se emitían de Chile últimamente, 



— 18 — 

siempre se les agregaba siniestros vaticinios o se les so- 
metía a comentarios a veces vejatorios. 

Es necesario que la Cámara comprenda que todas estas 
contiendas parlamentarias, que han debilitado la admi- 
nistración, han socabado también el principio de autori- 
dad en Chile. 

Autoridad sin fuerza, no puede asegurar el orden pú- 
blico, i autoridad que no puede asegurar el orden público, 
es autoridad que no corresponde a un pueblo civilizado. 
■ — (Bien, muí bien). 

Es necesario que tengamos presente ciertos principios 
sociales, que no admiten discusión. ¿Quién no sabe que 
el oríjen de las sociedades es la tendencia al orden que 
tiene el ser humano en el fondo de su naturaleza? ¿Quién 
no sabe que el fin fundamental del Estado es mantener 
el orden? ¿Quién no sabe que el Poder Ejecutivo es el 
encargado de defender i conservar el orden en las socie- 
dades, i que debilitándose ese poder se debilita una de 
las causas de existencia de la sociedad misma? 

Sin embargo, en la última época, una de las armas de 
combate que se ha empleado ha sido tratar de debilitar 
el Gobierno en Chile. Con el constante choque que ha 
tenido por objeto destruir la administración, se ha des- 
prestijiado en parte el principio de autoridad, lo que ha 
sido una de las causas de la revolución. 

La exajeracion del derecho de interpelación, interpe- 
lación irresponsable, llegó hasta convertir en sacrificio el 
ser Ministro de Estado. Un caballero que tenia en el seno 
del Congreso i de la sociedad toda clase de respetuosas 
consideraciones, por el hecho solo de subir al Ministerio, 
era blanco de toda clase de dicterios i vilipendios. — (Cier- 
to, en varios bancos). 

Los intendentes i gobernadores, por honorables que, 



— 19 — 

fueran, eran desgarrados hasta en su honra, por interpe- 
lantes que abusaban de su irresponsabilidad. 

Ni el Presidente de la República escapaba a esta tritu- 
ración sin tregua i sin cuartel. 

Este proceso inacabable, este eterno batallar fué gra- 
dualmente corriendo honda mina bajo los cimientos del 
edificio gubernativo de la República, hasta conseguir 
abrirle ancha brecha por donde estalló la revolución el 7 
de enero. — (Bien, muí bien). 

El prestijio mismo del Congreso hace indispensable re- 
formar el orden existente. 

Los Parlamentos viven del crédito i respeto que ins- 
piran. 

Carecen de la fuerza material como la que poseen otros 
poderes del Estado. 

Teniendo el Congreso a su lado con la confusión de po- 
deres, a un enemigo omnipotente como el Ejecutivo, 
es imposible que tan activo zapador no destruya gran 
parte del buen nombre, de la independencia i del presti- 
jio de su antagonista. 

De modo, señor Presidente, que existen conveniencias 
imperiosas que se relacionan con nuestra situación Social, 
Administrativa, Política, Internacional, de Orden Públi- 
co i Parlamentario, en pro de rápida reforma en nuestra 
Carta Fundamental. I todo ello, con o sin revolución. 
Luego el Congreso Constituyente no debe vacilar i debe 
armarse del valor moral suficiente i del patriotismo nece- 
sario para poner fin a tantas perturbaciones, para desviar 
tantas corrientes maléficas i para concluir obra esta- 
ble que viva muchos años i que no se pueda convertir en 
amenaza contra el orden social i contra el juego regular 
de las instituciones. 

I^a actual administración, al llegar por obra de los 



... — 20 — 

acontecimientos hasta convocar un Congreso Constitu- 
yente estraordinario i escepcional, i todo por arrancar de 
nuestra Constitución lo que traba su propio mecanismo, 
ha procedido con completa unidad de propósitos, de lójica 
i de convicciones. 

Cuando tuve el honor de hablar en apoyo del proyecto 
de facultades estraordinarias, demostré hasta la evidencia 
las causas verdaderas de la revolución i aun las causas 
aparentes. 

Dije entonces i repito ahora que el movimiento inicial 
de Jos trastornos políticos que llegaron a convertirse en 
revolución armada, se operó por medio de un conflicto de 
atribuciones i de facultades entre el Congieso i el Presi- 
dente de la República. 

Los rebeldes se han empeñado en probar al mundo en- 
tero que ese ha sido el oríjen de la lucha. 

Habiendo estudiado esta cuestión en un discurso ante- 
rior, me limito por ahora a comprobar un fenómeno digno 
de meditación. 

Si el conflicto se producia por interpretaciones encon- 
tradas de la Carta Fundamental, la lójica i el patriotismo 
imponían a ambos contendientes una reforma inmediata 
ele aquello que ocasionaba la contienda. 

Mientras el Congreso se encerraba en violentas resis- 
tencias de palabras i en inauditos procedimientos parla- 
mentarios, el Presidente de la República preparaba con 
honroso desprendimiento la reforma constitucional, que 
presentó en junio de 1800, la mas avanzada que jamas en 
Chile haya nacido de la acción de gobierno. 

Durante los ministerios Barros Luco i Lastarria, pudo 
ver el Jefe del Estado los peligros en perspectiva i desde 
entonces concibió la patriótica idea de modificar el reji- 



— 21 — 

nien de gobierno sobre la doble base del sistema represen- 
tativo i de la descentralización administrativa. 

Los ministerios Donoso Yergára iSáñchez Fonteeilla, 
fruto del dominio de los círculos contra el Presidente, 
convencieron mas i más a éste de que el Gobierno en 
tales condiciones era imposible en una República i que 
la reforma se imponía con caracteres de impostergable 
implantación, 

Durante el Gabinete del señor Ibáñez se inició el estu- 
dio de la reforma i se consumó en el del señor Sanfuentes, 
a quien le cupo presentarla al Congreso. 
. Si los círculos parlamentarios hubieran sido inspirados, 
no por la ambición de poder e intereses pequeños, sino 
por los deberes del patriotismo, de la tolerancia i de las 
conveniencias nacionales, en el acto habrían suspendido 
los fuegos i habrián en cambio obtenido libertades i'ga- 
rantias que, disminuyendo la omnipotencia presidencial,: 
hubieran asegurado las mas avanzadas conquistas del pro- 
greso político moderno. Habrían sido verdad la} autono- 
mía municipal, la autonomía provincial, la independen- 
cia del Poder Judicial, la vida propia del Congreso, la 
descentralización administrativa i muchas otras aspiracio- 
nes de carácter nacional. 

La mayoría parlamentaria prefirió arrojarse en brazos 
de la desmagojia, tirando al archivo el gran proyecto, i 
lanzando al rostro del Jefe del Estado el dilema que el 
ilustre Gambetta puso a Mac-Mahon: — ceder o dimitir:- — ■, 
{Aplausos). , v ;••-. -■-.-- - 

£1 Presidente de Chile, que en distinción del de Fran- 
cia, es elejido por el pueblo i no por el parlamento, es 
responsable i no irresponsable, i es dueño por obra i man- 
dato de la Constitución de un conjunto de grandes atri- 
buciones i facultades, no podía ni ceder lo que no era suyo. 



ni dimitir un poder que no le habia dado el Congreso 
sino el pueblo. 

I entonces luchó i luchó al través de los ministerios 
Vicuña, Godoi i el actual. 

No faltan personas i prensa que hayan censurado i cen- 
suren al Presidente de la República, i a sus amigos por- 
que no abandonan el poder i así buscar paz depresiva. 

Los que esto dicen desconocen por completo los mas 
elementales deberes cívicos i políticos. 

¿Por qué el Presidente de la República i sus ministros 
esponen hora a hora su vida i, soportando sobre sus es- 
paldas como el titán de la fábula una montaña de sinsa- 
bores, de amarguras, de sufrimientos i de decepciones, 
están inquebrantables en la brecha i resueltos a luchar 
hasta vencer o morir? 

No es por amor a un poder que termina en pocos dias 
mas. 

No es para conservar honores que ya se han tenido i 
gozado, i que ademas están próximos a concluirse por 
mandato de la lei. 

No es por conveniencia personal, porque ésta se funda 
en lo contrario. Si el Jefe del Estado fuera egoísta, habría 
lanzado a sus plantas la banda i el poder. Hé aquí su con- 
veniencia personal. — {Cierto, mui cierto, en varios bancos). 

Ni es por nada que afecte intereses que no hai, gobier- 
no que sucumbe el 18 de setiembre, pasiones que no han 
existido ni existen, i odios que nunca se han albergado en 
nuestros corazones. — [Aplausos). 

' Se resiste por mantener intactas las tradiciones de or- 
den público legadas por seis administraciones; por asegu- 
rar el porvenir de la República que estaria espuesto a 
nuevas revoluciones si hoi triunfaran los rebeldes; por 
respeto a los mandatos del pueblo i de la Constitución; 



— 23 — 

por conservar la estabilidad del poder público, no dando 
ejemplos de cambios en razón de controversias políticas; 
por dar garantías al capital i al trabajo, con Gobiernos 
sólidos i durables; i por no entregar la tranquilidad social 
a los vaivenes de pasiones de partido que se multiplica- 
rían en razón directa del éxito que obtuvieran. — {Aplau- 
sos). 

No hai que olvidar tampoco que el Presidente de la 
República es simple mandatario que tiene la custodia 
de un depósito de confianza de su mandante, que es el 
pais. 

Puede dar o renunciar todo lo que sea suyo; pero, no 
puede dar ni renunciar lo que es de otro i que solo admi- 
nistra i debe conservar intacto. 

Si el Presidente de la República cree en conciencia, 
como lo cree, que las atribuciones que le disputa el Con- 
greso le pertenecen por mandato espreso de la Carta Fun- 
damental i por mandato del pueblo, debe defenderlas con 
enerjía incontrastable, so pena que haga uso de lo ajeno 
sin derecho i con detrimento de sus responsabilidades 
constitucionales. 

La enerjía en la defensa de las prerrogativas constitu- 
cionales, es tanto mas intensa, cuanto que los antagonis- 
tas hacen uso de facultades que no poseen ni por lei, ni 
por ciencia política, ni hasta por sentido común. 

Aunque abuse de la benevolencia de la Honorable Cá- 
mara, permítaseme decir algo acerca de la constituciona- 
lidad de la revolución i de la constitucionalidad de algu- 
nas de las armas de que se valió la mayoría del Congreso 
pasado para adueñarse i usurpar las atribuciones del 
Jefe del Estado. Este análisis tiene estrecha conexión con 
la reforma en tabla, porque ésta toca esos puntos i los 
remedia. 



— 24 — 

Los argumentos de la mayoría parlamentaria del Con 
greso revolucionario, pueden condensarse en una sola pro- 
posición: dentro del espíritu i de la letra de la Constitu- 
ción, el Presidente de la República debe seguir la políti- 
ca i las ideas de Gobierno de la mayoría parlamentaria, 
es decir, el Jefe Supremo de la Nación debe estar subor- 
dinado al Congreso, debe depender de él i debe estar 
sometido a él. 

Por su parte el Presidente de la República ha sosteni- 
do i sostiene que es libre dentro de las facultades, prerro- 
gativas i poder que en forma literal i específica le ha re- 
conocido la Constitución. 

- ¿Cuál de los dos tiene la razón ante el espíritu de la 
Carta Fundamental? 

Las teorías de los revolucionarios ¿guardan armonía 
con la historia, el oríjen, el espíritu i hasta el objetivo 
dominante de nuestra Constitución? 

Los padres de nuestro réjimen constitucional, al redac- 
tar la Carta de 1833, ¿quisieron en verdad que el Poder 
Ejecutivo fuese un esclavo, casi un lacayo del Congreso? 

Los fundadores de nuestras instituciones' actuales no 
tuvieron un plan fijo de Gobierno, ni siguieron doctrinas 
ni sistemas especiales. 

Recojieron aquí i allá tocio lo que convenia al propósito 
político fundamental que perseguían. «La reforma, dijo 
el Presidente Prieto en su manifiesto a la Nación, no es 
mas que el modo de poner fin a las revoluciones i distur- 
bios a que daba oríjen el desarreglo del sistema político 
en que nos colocó el triunfo de la Independencia. 

«Es el medio de hacer efectiva la libertad nacional, que 
jamas podríamos obtener en su estado verdadero mientras 
no estuviesen deslindadas con exactitud las Jacultadcs del 
Gobierno, i se hubiesen opuesto diques a la licencia». 



~ 25 — 

Este pensamiento dominante lo encuentro en todas las 
opiniones de la época. 

De aquí por que en el mecanismo de nuestra Constitu- 
ción no se encuentra tanto un plan de Gobierno según sis- 
tema científico dado, sino un instrumento admirablemente 
concebido para implantar el orden público por la razón o 
la fuerza. 

Descomponiendo los resortes íntimos, la clave interior 
de la Carta de 1833, vemos que todos los poderes públi- 
cos i autoridades jiran en torno del Presidente de la Re- 
pública, como los planetas en rededor del Sol. 

Analizaré algunos puntos cardinales para probar lo 
dicho. 

La ciudadanía pasiva, o sea, el derecho de poder ser 
elejido, era sumamente restrinjida, dadas las condiciones 
económicas de la época. Se requería renta de quinien- 
tos pesos para poder ser diputado i de dos mil para se- 
nador. 

Los requisitos de la ciudadanía activa, o sea el derecho 
de elejir, los entregó la Constitución a la Lei de Elec- 
ciones. 

, Para conocer el pensamiento de los autores de la Carta, 
basta hojear la lei electoral que ellos mismos dieron el 2 
de diciembre de 1833. 

En ésta, el derecho de sufrajio era absolutamente res- 
trinjido, mucho mas, si se tiene presente la situación eco- 
nómica de la época, la pobreza reinante, la carencia de 
industrias i la estrechez del comercio. 

Pasando ahora a la jeneracion i composición de los po- 
deres públicos, notaremos que el pais estaba mui lejos de 
tener organización democrática, descentralizada i liberal. 

La Cámara de Diputados, si es cierto que era elejida 
por votación directa, en cambio tenia que reflejarlas con- 



— 26 — 

secuencias de la restricción del sufrajio, lo que le imponía 
un carácter oligárquico, impopular i autoritario. 

El Senado tenia el número fijo de veinte miembros, lo 
que hería el principio de proporcionalidad en razón de la 
población. 

Sobre ser de número fijo, duraba nueve años, renovable 
solo por terceras partes, i era elejido por votación indi- 
recta o de dos grados. 

De aquí se deduce que el Senado era una transición 
entre un cuerpo popular i uno vitalicio. Restricciones 
en los requisitos de los elejidos, en los de los electores, 
en el número, en la elección i en la duración: he aquí el 
conjunto del cuadro. 

Coronaban esta composición la falta de incompatibili- 
dades parlamentarias. Salvo los regulares i los curas en 
el orden eclesiástico, los jueces de letras en el judicial, i 
los intendentes i gobernadores, «por la provincia o depar- 
tamento que manden», en el Administrativo; todos los 
demás funcionarios podian formar parte del Congreso, lo 
que minaba su independencia. 

El Poder Judicial se jeneraba por medio de una com- 
binación del Consejo de Estado, del Presidente de la Re- 
pública i del Tribunal Superior. El grado de intervención 
de este último, limitado solo a propuestas, estaba subor- 
dinado, no a un mandato constitucional, sino a lo pres- 
crito por la lei. Es así que la lei, con un Congreso orga- 
nizado en la forma antes especificada i con las facultades 
lejislativas del Presidente de la República que luego ana- 
lizaré, i sin injerencia del Poder Judicial, era, en sus dos 
tercios, reflejo de la voluntad del Poder Ejecutivo; luego, 
la intervención del Tribunal Supremo en el nombramien- 
to de jueces podia ser nula, como lo fué hasta 1889. 
Queda el Consejo de Estado; pero esta institución, en 



— 27 — 

1833 i antes de la reforma de 24 de octubre de 1874, era 
compuesta de funcionarios elejidos i removidos esclusiva- 
mente por el Jefe del Estado. Luego el nombramiento de 
jueces era hecho solo por el Presidente de la República. 

Si a esto se agrega el alcance que los mismos constitu- 
yentes dieron a la atribución 3. a del Presidente de la Re- 
pública sobre la pronta i cumplida administración de 
justicia i sobre la conducta ministerial de los jueces, se 
comprobará mas aun que el Poder Judicial nacia en 1833 
del Poder Ejecutivo como el agua de la fuente. 

El Presidente de la República era elejido por votación 
de dos grados. 

Conocido el oríjen de los poderes públicos, tal como lo 
establecieron los constituyentes del 33, queda aun anali- 
zar las atribuciones de cada uno de ellos. 

Al Congreso entregó un poder Lejislativo absoluta- 
mente limitado por el Veto Presidencial, facultades escla- 
sivas de escasa importancia, facultades económicas que 
nada significan i solo el derecho de acusación como medio 
fiscalizador espreso i no derivado. 

El derecho de interpelación como el de censura i como 
el de inquisición personal, no se los reconoció en forma 
espresa i específica. 

La intervención directa con los Ministros tampoco la 
aseguró i por el contrario la concurrencia de éstos al Con- 
greso quedó subordinada a la voluntad esclusiva de ellos. 

Al Presidente de la República le dio, fuera de la in- 
tervención en el Poder Judicial ya esplicado, facultades 
de cuatro clases: 

I. Legislativas 

II. Administrativas. 

III. Municipales, i 

IV. Dictatoriales. 



Las facultades lejislativas del Presidente en un mo- 
mento i período de tiempo dados, eran i son superiores a 
las del Congreso mismo. 

. Como las Cámaras tiene iniciativa en las leyes e inter- 
viene en las deliberaciones por medio de los Ministros. 
- Con el derecho de veto suspende por un año cualquier 
proyecto, i, después se requiere mayoría estraordina- 
ria de dos tercios para que pueda dominarse la voluntad 
presidencial. 

En materia de sesiones del Congreso son mayores las 
facultades del Presidente que las del Parlamento. Este 
no puede funcionar por derecho propio mas que tres meses 
de los doce de cada año. En cambio el Presidente puede 
hacerlo funcionar con sus derechos de prórroga i de con- 
vocación a estraordinarias, en nueve meses que no puede 
sesionar el Congreso jure propio. 

Luego las facultades lejislativas del Presidente son su- 
periores a las del Congreso. 

Las atribuciones administrativas del Jefe del Estado 
son enormes, como que casi nada de la actualidad política 
i gubernamental de la República escapa a su tuición, a su 
supervijilancia i a su fiscalización esplícita o implícita. 

Las atribuciones Municipales las ejerce por medio del 
nombramiento de intendentes i gobernadores que presiden 
las Municipalidades con derecho de veto; con su facul- 
tad de aprobar o nó las Ordenanzas Municipales; con su 
derecho de crear Municipios fuera de las cabeceras de 
departamentos; i con su suprema inspección en todos los 
objetos de policía. 

Por fin, sus atribuciones Dictatoriales nacían de las fa- 
cultades estraordinarias que podia darle el Congreso que 
suspendían el imperio de la Constitución. 

Las atribuciones del Poder Judicial, en la esfera de sus 



— 29 — 

funciones, parecen grandes, pero, dado el oríjen que se le 
dio, podia sufrir la independencia requerida en el ejercí 
ció de su alto majisterio. 

De modo que en la Constitución de 1833 no aparece 
mas que un solo poder fuertemente constituido: el Eje 
cutivo. 

El Presidente de la República era el centro i las demás 
autoridades los radios. 

Hé aquí la esencia del mecanismo, tal como lo concibie- 
ron i lo ejecutaron los constituyentes de 1833. 

Sabido esto ¿quién tenia i tiene la razón en el conflicto 
de atribuciones que produjo la revolución de 7 de enero? 

¿El Congreso o el Presidente de la República? 

Después del panorama constitucional que se desarrolla 
a nuestra vista cuando contemplamos la obra de los cons- 
tituyentes del 33 ¿puede alguien con verdad i con justicia 
sostener que a tales lejisladores se les pasó ni siquiera 
por la imajinacion la idea de convertir al Presidente de 
la República en un Ministro o Edecán del Congreso? 

Entrego al buen criterio nacional i al criterio de todos 
los que en el mundo reflexionen sobre la revolución de 
Chile, la solución de este problema que no es problema. 

No, señor Presidente. 

La mayoría del Congreso pasado falseó la Constitu- 
ción i falseó los propósitos de los autores de ella, al sos- 
tener i decir lo que sostuvo con sofismas i dijo con auda- 
cia. — (Aplausos). 

No obstante ello, esa misma mayoría, para dominar i 
vencer al Jefe del Estado, aplazó las contribuciones i 
los Presupuestos, i no aprobó las fuerzas de mar i tierra. 

En el discurso que pronuncié a propósito de la conce- 
sión de facultades estraordinarias, demostré con documen- 
tos fidedignos que algunos Constituyentes del 33, entre 



— 30 — 

los cuales figura don Mariano de Egaña, habían querido 
implantar en la Constitución, tanto el Parlamentarismo, 
como la facultad implícita del Congreso para aplazar las 
contribuciones, los presupuestos i la autorización de las 
fuerzas de mar i tierra. Esto último, poniendo dichas le- 
yes, no entre las ordinarias i comunes que puede vetar el 
Presidente de la República, sino entre las atribuciones 
esclusivas del Congreso. 

Dije también que lo uno i lo otro habian sido esuresa 
i categóricamente rechazados por la gran Convención. 

Aunque tales antecedentes bastan i sobran para pro- 
bar hasta la certidumbre mas absoluta la inconstituciona- 
lidad de los aplazamientos acordados por la mayoría del 
Congreso pasado, no obstante puedo sostener i decir que 
dichos actos contrarían también la ciencia política i hasta 
el sentido común. 

I quiero llevar a estos estreñios el estudio, porque las 
razones cardinales en que se funda el acta que sirvió de 
base a la revolución, tal como salió publicada en el Diario 
Oficial del Gobierno de hecho instalado entre los calícha- 
les i desiertos de Tarapacá, son la aprobación por el Pre- 
sidente de la República de los presupuestos i de las 
fuerzas de mar i tierra, sin la voluntad del Congreso. 

Las contribuciones i presupuestos, como la autorización 
de las fuerzas de mar i tierra, sirven para el sostenimien- 
to del orden público i de la administración. Sin estas le- 
yes no hai en Chile cárceles, aduanas, gobierno, oficinas 
públicas, policía, hospitales, instrucción, escuelas, escua- 
dra, ejército, poder judicial, servicios municipales, orden 
social ni garantías para el hogar, la familia, el comercio, 
la industria i la propiedad. Sin estas leyes se rompen los 
medios coercitivos o fiscalisadores que sostienen la vida 



— 31 — 

social, la seguridad nacional i todos los factores que cons- 
tituyen la civilización i la diferencian de la barbarie. 

Negar, pues, tales leyes es producir una revolución su- 
perior i mas desastrosa a todas las conocidas en la histo- 
ria del mundo. 

Sin embargo, la mayoría del Congreso pasado, saltan- 
do por sobre todas estas consideraciones de cultura i de 
buen sentido i por sobre la letra i el espíritu de nuestra 
Constitución, aplazó tales leyes de vida nacional. 

He dicho en repetidas ocasiones que los poderes públi- 
cos son delegaciones del pueblo para gobernar en su 
nombre. 

El Gobierno i la idea de poder presuponen orden i paz. 
Un poder no puede hacer revolución; porque el pueblo 
no delega este derecho supremo, i crea los poderes tan 
solo para gobernar en la parte proporcional que les corres- 
ponde por naturaleza i conveniencia. 

Luego el Congreso no puede entorpecer leyes cuyo 
aplazamiento o negación significan o producen el trastor- 
no social i la revolución. 

Fundadas en estas razones de buen sentido político, las 
naciones civilizadas no han negado jamas en su totalidad 
las contribuciones. 

El último caso en Inglaterra fué contra William Pitt, 
a fines del siglo pasado, i fué parcial. De la misma clase 
fueron los anteriores habidos en aquella nación. En Fran- 
cia solo ha habido una tentativa, no consumada en conse- 
cuencia. En Prusia se negó solo una partida en el presu- 
puesto militar propuesto por Bismark. I no han habido 
otros ejemplos ni en los siglos pasados ni en el presente. 
Estaba reservado a políticos chilenos aplazar la totali- 
dad de todas las contribuciones, de todos los presupues- 
tos i de todas las fuerzas de mar i tierra. 



— 32 — 

Tal procedimiento, razón aparente de la revolución, es 
contrario, pues, a la Carta Fundamental, a la práctica de 
todos los paises del mundo entero en todos los tiempos, a 
la esperiencia de buen gobierno, a la ciencia política i al 
sentido común. 

¿Cómo entonces revolucionar a un país, derramar to- 
rrentes de sangre por defender doctrinas tan monstruosas 
i tan absurdas? 

No solo la posteridad i Chile lanzarán terrible anatema 
contra los autores de tan gran crimen de lesa patria; sino 
también cuantos estudien el conflicto i cuantos se dedican 
a la ciencia política. 

Probada la oportunidad, necesidad i estension de la re- 
forma como la inconstitucionalidad de la revolución des- 
de sus oríjenes, puedo ya estudiar en detalle el proyecto 
del Ejecutivo, tal como lo ha aumentado i modificado la 
honorable Comisión Mista. 

El señor Allendes (Presidente). — Siendo ya la hora, i 
como Su Señoría va a entrara un nuevo orden de conside- 
raciones, si Je parece, suspenderíamos la sesión, quedando 
con la palabra para la próxima. 

El señor Bañados Espinosa (Ministro del Interior.) — 
Estoi a la disposición de la Cámara. 

Se levantó la sesión a las 5ij> P. M. — (Grandes ajilan sos 
en las galerías i en los asientos de los señores Dijnitados. 
Numerosos representantes se acercan al orador i ¡o felici- 
tan calurosamente. Varios lo acompañan hasta la salida 
del Congreso.) 



II 

(Sesión de la Cámara de Diputados en 15 de julio) 

En la última sesión hice a la Honorable Cámara una es- 
posicion lo mas completa posible de la oportunidad i ur- 
jencia de la reforma constitucional. Puedo entrar ahora a 
un somero estudio de los puntos cardinales que abraza 
el proyecto. 

El espíritu i los propósitos que han animado tanto al 
Ejecutivo como a la Honorable Comisión Mista, puedo 
sintetizarlos en los siguientes objetivos: 

1.° Evitar la repetición de conflictos de poderes que 
puedan llegar a producir nuevas perturbaciones en el or- 
den público; 

2.° Llevar a cabo todas las reformas liberales que ha 
venido pidiendo la opinión en los últimos años i que sean 
compatibles con la seguridad nacional; i 

3.° Mejorar en nuestra Constitución todo aquello que 
ha merecido críticas justas en el parlamento i en los órga- 
nos autorizados de la opinión pública. 

Esta esposicion de los fines que persiguen el Ejecutivo 
i la Comisión Mista, son la mejor prueba de la seriedad, 
patriotismo i madurez que han inspirado el proyecto en 
tabla. 

Permítaseme, señor Presidente, rendir a la Honorable 
Comisión Mista el justo homenaje que merecen su labo- 
riosidad, su espíritu de justicia, la transijencia para resol- 



— 34 — 

ver i armonizar opiniones encontradas i su constancia 
para dar cima a la obra cuyo estudio comienza esta Ho 
norable Cámara. 

La reforma capital propuesta por el Ejecutivo i acep- 
tada por la Comisión Mista como remedio contra todos 
los males que han aquejado en la última época el cuerpo 
político del pais, es la implantación del sistema represen- 
tativo. 

Así como el parlamentarismo ha sido el arma de los 
revolucionarios, el sistema representativo ha sido i es 
nuestra bandera. 

Para apreciar el mérito o demérito de estos sistemas, 
hai conveniencia en fijar con exactitud los oríjenes del 
Gobierno popular. 

Es axioma en ciencia política que la soberanía, o sea la 
fuente del poder, reside en la Nación. 

En siglos pasados pudo desconocerse esta máxima ele- 
mental; pero desde fines del siglo 18 ya nadie discute la 
exactitud de ese principio de derecho público. 

Siendo el pueblo la base de todo poder, corresponde 
orijinariamente solo a él ejercer, distribuir o delegar el 
Gobierno nacional. 

Según sea la forma i modo como se distribuya el po- 
der público, así es la forma i modo del Gobierno que se 
ejerce. 

Tres son los tipos principales de Gobiernos libres. 

En primer lugar aparece el Plebiscitario, o Democra- 
cia pura, o Gobierno directo, que es cuando el pueblo se 
gobierna por sí mismo, sin representantes ni apoderados. 

En segundo lugar figura el Gobierno Representativo, 
que es cuando el pueblo ejerce el mando por medio de 
Delegaciones que se llaman poderes públicos. 

I por último figura el Gobierno Misto, como el do Sm\ 



_ 35 — 

za, que es ejercido en parte por poderes públicos i en par- 
te por la intervención directa del pueblo. 

Nadie ha propuesto para el Gobierno jeneral de Chile 
ni el sistema plebiscitario, ni el sistema misto; no tengo 
entonces para qué discutirlos. 

El Gobierno representativo propiamente tal se ejerce 
por medio ds tres poderes principales: — Ejecutivo, Lejis- 
lativo i Judicial. 

Muí encontradas son las opiniones de escritores i hom- 
bres de estado acerca de la cantidad i clasificación de los 
poderes del Estado; pero para los efectos de la discusión 
basta con aceptar el mínimo de poderes cuya existencia 
reconocen los mas grandes tratadistas del mundo desde 
Aristóteles, i las Constituciones mas ajustadas ala ciencia 
política. 

La primera cuestión que surje de las relaciones de estes 
poderes es saber, si deben estar confundidos o deben vivir 
con independencia. 

Raro es el tratadista que no considere que la reunión 
de estos tres poderes en una sola autoridad o persona es 
el despotismo; de tal modo que allí donde hai confusión 
absoluta de poderes hai dictadura. 

Para vigorizar mas mi argumentación, quiero recordar 
algunas opiniones de distinguidos escritores. Como ha 
sido la Francia la única nación seria que ha tenido el va- 
lor de ensayar el Parlamentarismo en República de- 
mocrática, escojeré principalmente la opinión de publicis- 
tas franceses en apoyo de todo lo que tienda a destruir el 
Gobierno de Gabinete. 

Podría leer a la Honorable Cámara centenares de 
autores que tengo i conozco; pero opto por los que se 
espresen en forma mas aplicable a la situación actual de 
Chile, 



— 36 — 

El notable publicista M. Charles Allezard, francés, en 
su obra La Libertad, se espresa así: 

«prese vámosnos de perder las conquistas de 1789, 
La separación de poderes es una de las mas preciosas, y 
no olvidemos nunca que todas las dictaduras, llámense 
Cronwell, Napoleón o Convención Nacional, no han sido 
mas que confusiones de poderes. Cronwell i Napoleón ha- 
bían absorbido el poder legislativo. La Convención habia 
absorbido el poder ejecutivo. Los unos i los otros habian. 
por lo mismo, anonadado la libertad». 

A. de la Croiserie, en su obra La Reforme du Rejime 
Parlamentaire, dice: 

«Es otra verdad que no hai necesidad de demostrarla, 
que la separación de poderes es la base fundamental del 
Gobierno representativo. 

«Se sabe que estos poderes no pueden funcionar regu- 
larmente en los límites de sus atribuciones que con dos 
condiciones esenciales: 1.° trazando entre ellos una línea 
de demarcación que no puedan pasar; 2.° asegurando a 
cada uno de ellos independencia igual i derechos iguales... 

«Es, según estos principios i sobre estas bases, que ha 
sido establecido el réjimen parlamentario en todos los 
países libres, i es porque nosotros nunca hemos observa- 
do estas reglas que dicho réjimen ha dado siempre en 
Francia malos resultados». 

El sublime Mirabeau, por su parte, esclama con mara- 
villosa elocuencia: 

«Abrid los fastos del mundo, i veréis en todos los tiem- 
pos, en todos los lugares, la destrucción total do la liber- 
tad seguir inmediatamente a la reunión de los tres poderes. 

«La Europa casi entera ha visto desplomarse bajo el 
peso de la reunión de los tres poderes, su libertad política 
i civil». 



— 37 — 

Ya vemos cómo se espresa el inmortal inspirador de la 
revolución francesa i de la notable Constitución de 3 de 
setiembre de 1791 que fué fundada sobre la independen- 
cia de los poderes públicos, o sea, sobre el sistema repre- 
sentativo. 

Los constituyentes franceses de 1875, al fundar la Re- 
pública parlamentaria que todavía rije en aquella gran 
nación, olvidaron por completo las lecciones i las ense- 
ñanzas de los que primero dieron a la Francia libertades 
públicas i garantías a los derechos del hombre. 

La República francesa agoniza en la cruz del parlamen- 
tarismo. 

Permítaseme recordar en matenia de relaciones de 
poderes públicos la opinión del ilustre hombre de Estado 
norte-americano, Jeíferson, que fué el redactor de la pro- 
clamación de la Independencia de los Estados Unidos, i 
que llegó a ser Presidente de la República. 

Se espresa así: 

«Concentrados (los poderes Lejislativo, Ejecutivo i 
Judicial) en unas mismas manos equivaldría a crear el 
gobio no despótico que no podría atenuarse por el hecho 
que tendríamos muchos dueños. La apreciación colectiva 
de muchos déspotas, pesaría tan rudamente como uno 
solo. Poco importa que los hayamos escojido por nuestros 
sufrajios. Nosotros hemos combatido, no para establecer 
un despotismo electivo, sino para fundar un gobierno 
libre i tan bien equilibrado que ninguno de los diferentes 
delegados del poder público pueda pasar los límites de su 
dominio especial, sin ser en el acto puesto en jaque i 
detenido por los otros». 

No obstante la sencillez i claridad del principio sobre 
que descansa la independencia de los poderes públicos, 
nos encontramos con varias naciones qne practican o 



— 38 — 



pretenden ensayar el parlamentarismo* que está fundado 
por esencia en la confusión de los Poderes Ejecutivo i Le- 
gislativo, o sea, un gran paso dado en el terreno del des- 
potismo político. 

Se sabe que el gobierno representativo descansa sobre 
la independencia de los tres poderes fundamentales del 
Estado, de modo que ninguno pueda absorber a otro u 
otros. Están armados cada uno de ellos de bastantes fuer- 
zas defensivas para conservar en todo momento la integri- 
dad de su independencia. 

Se sabe también que el parlamentarismo, fundado en la 
confusión de los Poderes Lejislativo i Ejecutivo, tiene 
por distintivos característicos un Jefe de Estado irres- 
ponsable, un gabinete responsable que vive lo que la 
voluntad de la mayoría parlamentaria, i una Cámara po- 
pular refrenada en sus exageraciones por el derecho de 
disolución que tiene el Soberano. 

¿De dónde ha venido el parlamentarismo? 

¿Cómo ha podido implantarse en países libres este sis- 
tema de gobierno que por escapar al despotismo de uno, 
ha caido en brazos del despotismo de muchos? 

Este sistema de gobierno empírico, mi jeneris, ocasio- 
nal e inventado exprofesamente para un pais dado i para 
una situación dada, ha tenido por cuna la libre Inglaterra. 

Arrojando la sonda a la formación de este sistema de 
gobierno en Inglaterra nos encontramos con fenómenos 
sociológicos dignos de meditación i respeto. 

Han estado i están en la sangre i en las tradiciones in- 
glesas dos cultos: — culto por el réjimen monárquico i 
culto por la libertad cuyo único fundamento estable es el 
gobierno popular. 

El gobierno del pueblo por el pueblo es del todo in- 
compatible con la existencia de un monarca. 



_ 3.9 ~~ 

La existencia de un monarca también está en contra- 
dicción con la organización científica del poder público. 

Son factores esenciales en la organización del poder, 
tal como lo concibe la ciencia política, la responsabilidad 
en todos los funcionarios, la electividad de poderes 
fundamentales del Estado i la fijación de períodos pruden- 
ciales a la existencia de estos mismos poderes. 

Los monarcas contradicen estos principios, como que 
son irresponsables, inviolables, Natalicios i arrancan su 
poder, no del pueblo, sino del nacimiento. 

Para armonizar la monarquía con el Gobierno popular, 
se vieron obligados los grandes estadistas ingleses a in- 
ventar un tipo nuevo de Gobierno, ad-hoc, empírico, 
adaptable a la situación especial de la Inglaterra, resul- 
tado de la imposibilidad práctica de implantar la Repú- 
blica. 

Este tipo de Gobierno se llama Parlamentarismo. 

Al efecto arrancaron al rei la efectividad del poder 
Ejecutivo para trasladarlo a un gabinete parlamentario. 

Como era imposible que la administración fuese ejerci- 
da por todo el Congreso, se encargó de estas funciones a 
un gabinete sometido a la voluntad de la mayoría parla- 
mentaria. 

Para completar estos factores de gobierno, hicieron al 
rei irresponsable e inviolable, debiendo reinar sin gober- 
nar. En cambio, establecieron la diaria i directa responsa- 
bilidad de los miembros del Ministerio. Pero como la 
mayoría parlamentaria podría a su vez producir conflictos 
con el Ejecutivo en contradicción con la opinión pública, 
se dio al soberano el derecho de disolver al parlamen- 
to para que así correspondiera la última palabra en los 
antagonismos de poderes, no a uno de estos, sino al pueblo. 

Como se vé, este sistema de gobierno es conveniente 



— 40 — 

en la monarquía a pesar de sus grandes peligros, i obede- 
ció en su oríjen i formación a un jeneroso movimiento 
liberal i a una aproximación al gobierno republicano i de- 
mocrático. 

Los gravísimos errores, las inconsecuencias, los escollos 
i los absurdos políticos aparecen en toda su desnudez 
cuando hai hombres de Estado i naciones que pretenden 
implantar el parlamentarismo, sistema provisorio por na- 
turaleza, puente entre la monarquía i la República, en 
países que tienen esta última forma de mando i que gozan 
en toda su amplitud de las ventajas de la democracia i 
del gobierno del pueblo por el pueblo mismo. 

Aplicar en una República el gobierno parlamentario 
es aberración tan grande como querer implantar en 
ella misma un senado vitalicio i hereditario, o cualquiera 
otra de las instituciones propias de una aristocracia mo- 
nárquica. 

Parlamentarismo i República son ideas contradictorias, 
incompatibles i tan contrapuestas en ciencia política como 
en el mundo material la luz i las tinieblas. 

Para convencerse de ello basta imponerse de algunos 
de los errores que surjen en la práctica cuando se quiere 
fundar República sobre el gobierno parlamentario. 

Está en la esencia del gobierno la responsabilidad. 

Desde que los poderes públicos son simples mandata- 
rios del pueblo, desde que ejercen funciones que no les 
son propias, desde que administran negocios de otro con 
facultades concedidas temporalmente,, i desde que en una 
República cada funcionario es solo un apoderado que tie- 
ne la jestion de asuntos ajenos con atribuciones limitadas, 
es indiscutible que en esta situación las ideas de mando 
i de responsabilidad se suponen entre sí, son inseparables 



_ 41 — 

i deben vivir unidas como los teólogos ponen el alma con 
el cuerpo. 

Para establecer el parlamentarismo en una República 
es preciso comenzar por hacer irresponsable al Jefe del 
Estado, porque no puede ni debe tener responsabilidad 
quien no tiene acción, ni puede ni debe responder de un 
hecho quien no tiene libertad para evitarlo o quien no ha 
tomado parte en su consumación. 

La primera base de este sistema es, pues, en la Repú- 
blica un absurdo, un contrasentido i un atentado contra 
la naturaleza misma del gobierno popular i déla democra- 
cia.— ^(Aplausos). 

En el parlamentarismo el rei reina, pero no gobierna, 
como dice Guizot i lo reconocen los grandes comentado- 
res de la Constitución inglesa. 

Si ello és tolerable én una monarquía donde el Jefe 
Supremo de la Nación sabe que su poder viene del desti- 
no i ño del pueblo, es contra natura en una República 
cuyos poderes fundamentales tienen precisa i necesaria- 
mente que nacer del pueblo, como las ramas del árbol. 

En una democracia no hai ni pueden existir funciona- 
rios inútiles, reyes viga, ni mandatarios que vivan de la 
nación sin retornar trabajo i responsabilidad por la parte 
proporcional de poder que ejerzan. 

Desde que el Jefe del Estado sea electivo, es indiscu- 
tible que no pueden llegar a esa altura sino hombres que 
representen la suma bastante de servicios, prestijio, in- 
fluencias o simpatías para conseguir que lo levanten como 
caudillo grandes partidos políticos que tengan fuerzas po- 
pulares suficientes para triunfar ante la opinión i en las 
urnas. 

No se puede llegar con frecuencia a este estado políti- 



co, sin que se posea carácter, intelijencia, criterio o habi- 
lidad en el candidato. 

¿Es o no contrario a las leyes mismas que rijen la na- 
turaleza moral del hombre i su entendimiento i hasta su 
conciencia, darle el mas elevado puesto público para ina- 
movilizar esa intelijencia i ese corazón; para que compren- 
da todo lo que es capaz de hacer por sus conciudadanos i 
a la vez no pueda ejecutarlo; i para que de caudillo en los 
comicios electorales, de primero entre los suyos, i de lea- 
der de un numeroso partido político, pase a ser con estoi- 
ca resignación instrumento de otros, pantalla que ocul- 
ta la acción de sus subordinados, mísera careta con que 
se cubren los Secretarios de Estado? 

Tal sacrificio es superior a las fuerzas humanas. — 
(Aplausos). 

Este martirio echaría por tierra, reduciría a la nada esa 
luz misteriosa, que es fuerza, que es jenerosa emulación, 
que es patriotismo, que es progreso i que es lampo de je- 
nio, i que la sabia naturaleza coloca al nacer en el cerebro 
de ciertos hombres privilejiados. 

Quitad con la imajinacion el poder que ejercieran los 
grandes Monarcas i estadistas del mundo antiguo i del 
mundo moderno, i detendréis varios siglos la civilización, 
i paralizareis por épocas enteras la marcha ascendente de 
la humanidad. 

Poder i ejercicio del poder son también ideas herma- 
nadas, inseparables, tan unidas como las vibraciones de un 
mismo sonido. 

¿Qué mayor suplicio para un patriota, que condenarlo 
por cuatro o mas años a suspender sus luchas jenerosas i 
su propaganda por todo lo que cree grande para su tierra 
natal i para sus conciudadanos? 

Analizado por esta faz el Gobierno parlamentario es 



43 — 



contrario a las leyes que presiden el desarrollo de las de- 
mocracias i de la naturaleza humana. (Bien, muí bien). 

La estension del sufrajio hasta llegar al sufrajio univer- 
sal, es condición de las democracias republicanas i del go- 
bierno popular. 

No es gobierno popular aquel en que todo el pueblo 
consciente e ilustrado no concurra a la jeneracion del po- 
der público. 

Pues bien: — parlamentarismo i sufrajio universal se es- 
cluyen. 

En verdad, el Gobierno parlamentario necesita para 
vivir con regularidad, la existencia esclusiva de dos par- 
tidos. Desde que aparece a la superficie un tercer partido, 
comienzan las coaliciones, tras las coaliciones la instabili- 
dad ministerial, tras la instabilidad ministerial el desgo- 
bierno, i tras del desgobierno la anarquía que concluye 
casi siempre o con la dictadura o con la revolución. 

Decir sufrajio universal, es decir representación de to- 
dos los anhelos que bullen en las entrañas de la sociedad; 
i los deseos i ambiciones, los intereses i programas de un 
pueblo se jeneran, se confunden, se ajitan i cambian como 
los oleajes de un remolino, (Aplausos). 

De este caos de devaneos i propósitos en eterna ebulli- 
ción i en eterna efervescencia, brotan los partidos en las 
democracias con sufrajio universal, como las espigas en 
tierra fecunda. 

Hai, en consecuencia, casi imposibilidad en conseguir 
en tal situación la existencia esclusiva de dos partidos. 

El parlamentarismo vivió tranquilo en Inglaterra, mien- 
tras solo se disputaban la dirección del Estado, los whigs. 
i torys; pero un dia la Irlanda aguijoneada por la autono- 
mía, esclamó — ¡alto aquí!— i en el acto el Gobierno de la 
Gran Bretaña tembló sobre sus quicios, sintió que la cuña 



— ii — 

irlandesa trababa su marcha i, no obstante sus tradicio- 
nes de libertad i de respeto al derecho, se dejó llevar por 
la corriente i estableció en el Parlamento la cloture que 
tanto habian resistido los partidos ingleses, i llegó hasta 
espulsar por la fuerza de la sala de sesiones a treinta i 
tantos representantes del pueblo, hecho inaudito que en- 
lutó las glorias parlamentarias de aquel país, que el pri- 
mero en el mundo estableció el sistema representativo. 
(Aplausos). 

I todo esto en paz i en paz la Inglaterra también ha 
lanzado a la cárcel a varios Diputados! 

Con razón dice Donnat en su Política Esperimental, 
que «sufrajio universal i rejimen parlamentario son dos tér- 
minos inconciliables». 

Por su parte un notable tratadista español agrega que 
«el sufrajio universal, que se impone como una de las bases 
principales del Gobierno representativo, es incompatible 
con la naturaleza del parlamentarismo». 

Estas incompatibilidades entre el Gobierno parlamen- 
tario i la República, no son las únicas que lo hacen ina- 
decuado e inaceptable. En la práctica, ha producido tan- 
to en las Repúblicas como en Monarquías, consecuencias 
desastrosas que han comprometido i tienen amenazadas 
la honradez administrativa i la marcha regular de los servi- 
cios públicos. 

Ya he analizado los fatales resultados de los Ministerios 
de •coalición, de la esterilidad parlamentaria, de los due- 
los permanentes entre Ejecutivo i Congreso, de la instabi- 
lidad ministerial, i de la fácil i diaria dislocación de los 
partidos históricos, enfermedades políticas todas estas que 
se desarrollan con especialidad esclusiva en el Gobierno 
parlamentario. Estas dolorosas perturbaciones i males 
tan graves, obra, lo recito, casi esclusiva del pailanien- 



— 45 — 

tarismo, echan por tierra el prestijio de tal sistema i lo 
convierten en peligro social. 

Pero no es esto todo, ni lo mas grave. 

Los vicios capitales del Gobierno parlamentario son el 
debilitamiento del principio de autoridad, cuyos efectos 
en Chile ya los hemos visto; la irresponsabilidad guber- 
namental; i la desorganización administrativa. 

Lo primero ya lo he demostrado en la sesión pasada, 
cuando bosquejé los resultados del abuso en el derecho de 
interpelación a los Ministros, derecho llevado al estremo 
de valerse de tal arma para desprestijiar a todos los fun- 
cionarios de la administración, desde el Presidente de la 
República hasta el último subdelegado de barrio. 

«Un Poder Ejecutivo, fuertemente constituido, dice el 
gran Story, es indispensable para protejer eficazmente el 
país contra los ataques estranjeros, al mismo tiempo que 
para asegurar la ejecución de las leyes en el interior i 
para defender la libertad contra las empresas de la ambi- 
ción i de la anarquía. 

«Un Poder Ejecutivo débil, lleva consigo una admi- 
nistración débil, i una administración débil es una mala 
administración; luego un Gobierno mal administrado, por 
bueno que parezca en teoría, es siempre en la práctica un 
mal Gobierno». 

Si la debilidad del Ejecutivo es un peligro social, la 
irresponsabilidad en los diversos ramos del Gobierno afec- 
ta mui de cerca a la moralidad i al crédito nacional. 

Un Gabinete parlamentario puede hacer todo lo que le 
tolere la mayoría, luego la responsabilidad de sus actos 
desaparece englobada en la protección del Congreso. La 
protección de éste puede darse con toda libertad i exaje- 
ración, casi sin beneficio de inventario, debido a que sus 
miembros son inviolables e irresponsables. De modo que 



— 46 — 

tenemos un Gabinete omnímodo e irresponsable, que se 
esconde bajo el ala de una mayoría parlamentaria irres- 
ponsable i colectiva. El Congreso se transforma así en 
inmenso biombo sin otro freno que la voluntad i los inte- 
reses de los mismos que gobiernan. (Aplausos). 

Con razón i verdad dice, Mr. A. de la Croiserie en su 
obra La Reforme dio Regime Parlamenta/ore: 

«Es preciso, en efecto, que la responsabilidad del Go- 
bierno exista en alguna parte. Ahora bien, en el sistema 
actual, con la Cámara que se ha apoderado de todos los 
poderes, esta responsabilidad no existe porque en una 
Asamblea, la responsabilidad siendo colectiva, cada miem- 
bro de dicha Asamblea, tomado aisladamente, no tiene 
ninguna. No existe, por lo demás, ninguna sanción al vo- 
to del Diputado que no está espuesto, en suma, que a ser 
censurado por sus electores i a no ser reelejido después de 
cuatro años de su legislatura». 

¿Qué decir ahora de Congresos que administran por 
medio de sus influencias i Ministros que nacen de él i 
viven de él? 

Una administración necesita en ideal, entre otras, tres 
calidades para que sea buena: — unidad de dirección, res- 
ponsabilidad i descentralización. 

Congresos que administran carecen de los primeros re- 
quisitos i son amenaza para el último. 

El cuadro que rápidamente he trazado del parlamenta- 
rismo, me autoriza a rechazarlo en absoluto ante la teoría 
científica, ante la República, ante la filosofía política i 
ante un Gobierno democrático. 

Los ensayos prácticos del parlamentarismo vienen a 
confirmar en todas sus partes los errores científicos. 

Nada diré de lo que ha pasado i pasa 011 las monar* 



— 47 — 

quías, ya que se ven obligadas a soportarlo en razón de 
su forma de gobierno. 

Pero, quiero presentar a la Honorable Cámara los 
frutos que ha producido en las Repúblicas, especialmente 
en la única que hoi tiene el valor i la audacia de conser- 
varlo, a despecho de la opinión de sus principales esta- 
distas i solo por el temor de poner la mano en una 
Constitución que fué la obra de reacción conservadora i 
monárquica, contra las verdaderas aspiraciones de los re- 
publicanos. Me refiero a la Francia. 

Desde 1870 a 1890 la República Francesa ha tenido 
cuatro Presidentes, de los cuales ninguno todavía ha cum- 
plido su período o períodos constitucionales. Thiers, como 
Mac-Mahon i como Grevy se han visto obligados a dejar 
el mando, fuera de la época legal, envueltos en la vorájine 
parlamentaria. 

Quiera el cielo que Mr, Sadi Carnot, no sea tan infor- 
tunado como sus ilustres predecesores! 

Si de la duración de los Jefes de Estado pasamos a la 
de los Gabinetes, el dolor se apodera del alma de los que 
como yo amamos a la Francia i para felicidad de ella, 
ejemplo de la Europa i honra de la raza latina, desea- 
mos que siga siempre viviendo a la sombra de ía Repú- 
blica. 

Esta ha sido la aspiración de sus mas esclarecidos po- 
líticos i escritores desde 1789. 

He aquí los Ministerios habidos en Francia desde la 
caida de Napoleón: 

1.° LA DEFENSA NACIONAL 

Uno— Gambetta, Favre, etc. 



— 48 — 
2.° PRESIDENCIA DE M. THIERS 

I — Dufaure. 
II — Dufaure. 

3.° PRESIDENCIA DEL MARISCAL DE MAC-MAHON 

I — Broglie. 

II— Id. 

III — Cissey. 

IV— Buffet. 

V — Dufaure. 

VI — «Tules Simón. 

VII — Duc de Broglie. 

VIII — Jeneral de Rochebouet. 

IX — Dufaure. 

4.° PRESIDENCIA DE M. JULIO GREVY 

I — Waddington. 
II — De Freycinet. 
III— Ferry. 
IV — Gambetta. 
V — De Freycinet. 
VI — Duclerc. 
VII — Fallieres. 
VIII— Ferry. 
IX — Brisson. 
X — De Freycinet. 
XI— Goblet. 
XII — Rouvier. 

5. a PRESIDENCIA DE M. SADI CARNOT 

I— Tirard. 
II — Floquet. 
III— Tirard. 
IV — De Freycinet. 



— 49 — 

O sean veintiocho Ministros en veinte años, lo que dá 
un término medio de duración Ministerial de ocho meses 
i fracción. 

En esta estadística no se comprenden los cambios par- 
ciales que han sido veintinueve. 

De los veintiocho Ministerios habidos en Francia desde 
1870 a 1890, cuatro no han alcanzado a vivir un mes, ocho 
apenas han llegado a cinco meses, cuatro han durado seis 
meses, ocho no han llegado a un año, solo tres han pasado 
de este término i el último vive aun. 

•Cincuenta i siete cambios parciales o totales de Minis- 
terios en 20 años! 

Hé aquí la síntesis del parlamentarismo en la gran Re- 
pública Francesa! ; 

¿I están satisfechos los hombres de Estado franceses, 
con un sistema tan inestable i tan desorganizador? 

¿No creen los eminentes repúblicos de la noble Fran- 
cia que este desgobierno se reflejará en la seguridad inte- 
rior i sobre todo en la exterior del pais? 

No hai, señor Presidente, un solo partido en Francia 
que no reclame el cambio de sistema. Es el tópico de ac- 
tualidad en la política francesa, i en los periodistas, aca- 
démicos, hombres públicos i escritores: — todos a una piden 
la reforma de tal situación i luchan contra el parlamenta- 
rismo. No se atreven a proceder, porque temen que esa 
reforma constitucional pueda hacer peligrar a la misma 
República en medio de las divisiones de la familia repu- 
blicana i de la audacia de procedimientos de los partidos 
monárquicos. 

El partido republicano está dividido principalmente en 
tres grandes ramas: — Centro Izquierdo, Oportunismo o 
Asociación Republicana hoi, i Conservadores. Al lado de 
estos hai numerosos otros, porque en el Gobierno Parla- 



— 50 — 

mentario los partidos se forman i jeneran con prodijiosa 
fuerza de procreación. — (Hilaridad). 

Hai conveniencia en oir las opiniones de representantes 
autorizados de cada una de estas agrupaciones republi- 
canas. 

M. León Say, hijo del ilustre J. B. Say, jefe reconoci- 
do del centro izquierdo, dando cuenta del programa del 
partido liberal, se espresó así: 

«El pais está cansado de la política de grupos i de co- 
lores, del Gobierno personal de los diputados, del debili- 
tamiento del Poder Ejecutivo sistemáticamente perseguido 
por un partido cuyo fin es servir las leyes a la satisfacción 
de sus pasiones sectarias, de incesante ajitacion i de la 
permanencia de Cámaras cuyas sesiones estraordinarias 
se han hecho la regla en lugar de ser escepcion. 

«Es preciso reformar las costumbres políticas que fal- 
seando la Constitución de 1875 i parodiando el Gobierno 
Parlamentario ,han fatigado tan infortunadamente al pais.» 

Demos la palabra ahora al primer político francés, des- 
pués de Thiers i de Gambetta, a uno de los primeros pa- 
triotas de la Francia, a despecho de sus calumniadores. 

M. Jules Ferry, el Jefe del Oportunismo, dando cuen- 
ta en un gran banquete político habido en el Hotel Con- 
tinental, a los miembros de la Asociación Republicana, 
de las ideas que debian servir de programa, dijo entre 
otras cosas lo que sigue: 

«El pais quiere otra cosa. ¡Ah! I tiene razón! I bien! 
Ensayad de mostrarle una mayoría de Gobierno verdade- 
ramente compacta, sabia i disciplinada; una Cámara de 
Diputados que no tenga la intención de absorverse todos 
los poderes, judicial, administrativo, financiero i de con- 
ducirse como una verdadera Convención bajo un réjimen 
constitucional que reposa sobre la colaboración de las dos 



— 51 — 

Cámaras. Mostradle diputados que administren menos i 
que lejislen mas; prefectos cuya autoridad no sea incesan- 
temente disminuida por intrusiones indiscretas; un Sena- 
do menos modesto i un Poder Ejecutivo mas fuerte, i el 
país obtendría entonces la otra cosa que desea./) 

Como Say i Ferry, piensa Jules Simón, uno de los 
jefes mas prestijiosos del partido Conservador Republi- 
cano. En publicación reciente ataca elocuentemente la 
absorción de poderes del Congreso, el debilitamiento del 
Poder Ejecutivo en Francia i la instabilidad del Gobier- 
no de Gabinete. I como éstos piensan Andrieux, Clemen- 
ceau, Floquet, Donnat i toda la escuela positivista francesa. 
Si del campo republicano pasamos al monárquico, vere- 
mos que hasta éstos concurren en las ideas anteriores. 

M. Ollivier, el que como Ministro de Napoleón III de- 
claró la guerra a Alemania, imperialista, odiado en Fran- 
cia, pero gran escritor i orador, en su bello libro 1789 i 
1889, se espresa así: 

^Donde no existe monarca hereditario, el parlamenta- 
rismo es incomprensible. 

<iRéjimen parlamentario i República se escluyen lógica- 
mente. La Revolución no admitió una República parla- 
mentaria; no quiso tampoco oir hablar de monarquía par- 
lamentaria. Bajo la República tuvo a los Ministros sepa- 
rados de las Cámaras; bajo la monarquía les dio entrada 
facultativamente, sin conceder, sin embargo, a los dipu- 
tados ninguna autoridad para dictaminar sobre la elec- 
ción o revocación de ellos. La Revolución, en todos los 
momentos, miró la absoluta libertad del Poder Ejecutivo, 
en la designación de los Ministros, como una de aquellas 
consecuencias de la separación de los poderes, de la cual 
no era posible desentenderse sin poner en peligro la li- 
bertad. 



— 52 — 

«En efecto, desde que una asamblea dispone de la exis- 
tencia de los ministros, en realidad, ella gobierna; el Po- 
der Ejecutivo pierde su independencia, i la garantía de. 
los ciudadanos desaparece. Una asamblea debe pronun- 
ciarse sobre los actos i no sobre los hombres. Es apta 
para rechazar proyectos de lei, i no ministros. El rechazo 
de los proyectos de lei presentados por los Ministros, 
sobre todo si es constante i motivado, implica una des- v 
confianza personal. El Jefe del Estado tomará en cuenta 
lo que le conviene, sin tener que someterse». 

El conde de Paris, jefe del Orleanismo i del Lejitimis- 
mo, después de la muerte del conde de Chambord, en su^ 
programa de hace pocos años, defiende el sistema represen- 
tativo hasta en la monarquía constitucional. Esto no es 
estraño, si se recuerda que este príncipe fué educado en 
los Estados Unidos i ha escrito una obra acerca de la 
guerra de separación habida en esta Gran Kepública. 

Un escritor orleanista, habla de este modo en la Re- 
vine de Deux Mondes: 

«El réjimen parlamentario, tal como se ha practicado 
entre nosotros (Francia), desde hace doce años, está ya 
en descrédito. Los que creen que las libertades públicas 
están unidas a su destino, tienen el derecho de estar in- 
quietos. Enfrenar el parlamentarismo seria quizas el me- 
jor medio de salvarlo. Seria pueril disimularnos: Francia 
hace una esperiencia sin precedente. Es una cosa absolu- 
tamente nueva en la historia política, una República par- 
lamentaria!}. 

Permítaseme una nota alegre en este panorama histó- 
rico de la Francia: hasta Boulanger ha atacado en varios 
de sus manifiestos el parlamentarismo i defendido é[ 
sistema representativo! — (Hilaridad i risas). 

Tenemos, en consecuencia, que en la república francesa, 



-153- 

esta simpática república, el Gobierno parlamentario ha 
producido lamentables resultados i es atacado por todos 
sus grandes partidos históricos i hasta por pequeñas agru- 
paciones republicanas i monárquicas. 

Nuestra madre patria, la España, quiso también un 
dia ensayar con Castelar i otros la república parlamenta- 
ria, ¿queréis saber lo que pasó? 

Demos la palabra a uno de los mas elegantes escrito- 
res españoles: 

«Dentro del réjimen republicano, dice Conrado Sobo- 
na, yo no seria defensor del parlamentarismo, i en Espa- 
ña menos, porque el Parlamento mató la República... No 
preguntéis dónde estaban los peligros de la República en 
nuestra patria, porque entonces todo lo que se escribia lo 
denunciará diciendo: — en el Parlamento». 

La Alemania no habria podido hacer su prodijiosa obra 
de unidad en los últimos treinta años, si el reí hubiera 
gobernado en conformidad a las reglas del parlamentaris- 
mo. La ejemplar unidad política i diplomática de esta 
nación tan culta como ordenada, es el resultado de la im- 
plantación practica que del sistema representativo hicie- 
ron Guillermo i Bismark. 

I para que no se dude de mi aseveración, doi la palabra 
al mas autorizado sobre la materia, el que mejor puede 
saberlo i al autor verdadero de esta evolución política. 

En discurso pronunciado por Bismark en el Reichstag 
el 24 de enero de 1882, se espresó así: 

«Suponed que desde 1860 S. M. el Rei constitucional 
hubiera interpretado la constitución como pretenden cier- 
tos señores, i que, conformándose con la leyenda de reinar 
sin gobernar i dejando cumplirse la 'política ministerial 
parlamentaria, por ejemplo la política esterior de 
mis predecesores de 1850 , escojiera siempre resignado 



— 54 — 

los ministros, tal como parecía indicárselos a la sazón la 
mayoría del Landtag, suponed que de esta suerte, en fin, 
la Corona hubiere subordinado supolítica a la de la mayo- 
ría. Entonces, i como consecuencia de esto es manifiesto 
que no hubiéramos tenido en primer lugar un ejército or- 
ganizado 

«La segunda consecuencia de que el rei no hubiera po- 
dido seguir su propia política i se sometiera a la política 
parlamentaria ministerial lejendaria, habría sido que en 
1863 nos declaráramos partidarios de la insurrección de 
Polonia contra Rusia, i alentáramos, cuando menos, esta 
rebelión 

«Mas tarde, en 1864, en el negocio de los Ducados del 
Elba, si Prusia obedeciera a la mayoría parlamentaria, 
se habría puesto al servicio de la mayoría de Francfort, 
pues tal era a la sazón la política popular en la Cámara 
de los Diputados. Leed las discusiones de aquel tiempo i 
veréis de qué manera me vilipendiaron porque en pieza 
aparte de la ejecución federal, logré ganar al Austria 
para operaciones que ambas potencias realizaron en co- 
mún. Así, para conformarnos con la voluntad parlamen- 
taria, habríamos caido en las humillaciones de un nuevo 
Olsmutz. 

«Tales habrían sido las consecuencias de seguir la po- 
lítica parlamentaria en lugar de la política real... Si te- 
nemos un Imperio alemán, es porque el rei ha mudado 
de ministros hasta hallar un Ministerio dispuesto a secun- 
dar las miras reales, hasta hallar un ministerio que, sus- 
trayéndose a la timidez de mis tres predecesores se resol- 
vió a seguir una política nacional, llevada con la punta 
de la espada. 

«Tenemos, en fin, un Imperio alemán, porque el rei no 
dejó formarse en torno suyo ana mayordomía ministerial 



— 55 — 

de palacio apoyada en las potentes mayorías que hacían 
oposición a la corona^. 

Nada diré de los efectos prácticos de los ensayos d e 
parlamentarismo que se han intentado en Chile durante 
las tres últimas administraciones; porque de allí surje la 
revolución de 7 de enero i con esto basta i sobra para de- 
sacreditar tal sistema i arrojarlo con desprecio a la fosa 
de los criminales. — (Aplausos). 

Quiero ahora, como contraste, oponer a la República 
parlamentaria, tal como se practica en Francia, el ejem- 
plo de los Estados Unidos, tipo de la República represen- 
tativa. 

En los Estados Unidos desde 1789 a 1889, o sea, en 
un siglo de vida constitucional, han habido veintisiete pe- 
ríodos presidenciales, con veintitrés presidentes i cuatro 
vices que han entrado a suplir en conformidad a la lei. 
Estos han sido Tyler, Fillmore, Jhonson i Arthur. 

De los presidentes han sido reelejidos los siete siguien 
tes: Washington, Jefferson, Madison, Monroe ; Jackson, 
Lincoln i Grant. 

En este largo siglo, con veintisiete períodos consta 
tucionales, solo han habido treinta i un secretarios de 
Estado, o sea, jefes de Gabinete. Casi uno por cada pe- 
ríodo presidencial de cuatro años, Lo que dá un término 
medio de tres años i varios meses de existencia a cada 
secretario de Estado. 

¡Qué contraste! 

¡31 jefes de ministerios en los Estados Unidos en un 
siglo, i 28 jefes de gabinetes en Francia en solo 20 años! 

Que deduzca la moraleja la Honorable Cámara i el pais 
entero. — ( Aplausos). 

El Gobierno de los Estados Unidos ha seguido su mar- 
cha sin grandes interrupciones al través de dos guerras 



— 56 — 

esteriores, de Ja difícil jestacion del pueblo mas empren- 
dedor del mundo, de la lucha de intereses entre varias 
razas, de las controversias entre numerosas sectas relijio- 
sas, de los antagonismos entre capas sociales fundadas en 
su diversidad de condición civil i política, de la asimila- 
ción de millones de estranjeros, de la conflagración de 
mil intereses aduaneros e industriales, i de la guerra in- 
testina mas jigantezca i sangrienta que recuerda la his- 
toria moderna. 

El Gobierno, de la República parlamentaria en Francia 
puede semejarse al torrente que recien brota de la mon- 
taña. Corre entre saltos, lleno de espumas, jirando aquí i 
allá i rujiendo como león herido por entre quebradas, des- 
peñaderos i abismos. 

El Gobierno de los Estados Unidos, tal como lo con- 
cibieron los constituyentes de Filadelfia hace mas de un 
siglo i tal como salió de la cabeza i del corazón de aquellos 
proféticos hombres de Estado que presididos por Was- 
hington se anticiparon al tiempo i a las comprobaciones 
de la ciencia, se asemeja al magnífico Amazonas que 
tranquilo i majestuoso cruza inmenso territorio, fertiliza 
campos i después se abre ancho paso al ancho mar. — ¡ 
(Grandes aplausos en las galerías i en los batióos de los 
señores diputados). 

De las demás Repúblicas europeas i americanas, las 
mas importantes han seguido el ejemplo de los Estados 
Unidos, como ser Suiza, Méjico, República Arjentina i 
ahora el Brasil, cuyo Gobierno está asegurado casi en 
absoluto con la adopción del sistema representativo en su 
última Constitución. 

Mas que la convicción que puede producir en el espíri- 
tu de mis honorables colegas el prolijo análisis que he 
hecho del parlamentarismo ante la ciencia i ante la espe- 



— 57 — 

riencia, los impulsará el deber que les han impuesto los 
electores. Las elecciones últimas han sido un plebiscito 
en favor del sistema representativo. Ha sido el programa 
del Gobierno, del partido que lo apoya i de la mayoría 
del pais. No podemos rechazar este sistema sin que trai- 
cionemos a nuestros electores, a nuestro partido i el pro- 
grama que nos dirije como insignia en la línea de resis- 
tencia i de batalla. — (Aplausos). 

Puede ser halagador, para los intereses de círculo i 
para el medro político personal, afianzar entre nosotros 
el Gobierno Parlamentario; pero, como patriotas i hom- 
bres honrados, tenemos que sacrificarlo todo en aras de la 
tranquilidad social i de la paz en la familia chilena. 

Así obran los políticos que sirven con lealtad i sinceras 
convicciones los altos intereses del pais que siempre de- 
ben dominar sobre los personales. — (Nuevos aplausos). 
- Sin duda que la reforma de mayor trascendencia es la 
implantación del sistema Representativo; pero, junto a 
esta hai otras destinadas a mejorar nuestro réjinien polí- 
tico i la organización de los poderes públicos. 

Tanto el proyecto del Ejecutivo como el de la Comi- 
sión Mista, aunque han ampliado las incompatibilidades 
que contemplaron primitivamente los Constituyentes del 
33; sin embargo, no han ido tan lejos como la reforma cons- 
titucional aprobada a principios de esta administración. 
, Como hombre de principios tengo que declarar franca- 
mente a la Cámara que soi partidario de las incompatibi- 
lidades parlamentarias absolutas, tanto para asegurar la 
completa independencia de los poderes del Estado, como 
para que el Congreso pueda ejercer sus facultades fiscali- 
zadoras con mayor libertad, i para que los servicios admi- 
nistrativos iio sufran con la duplicidad de funciones de 
los empleados públicos. 



— 5S — 

Pero en el puesto de responsabilidad que desempeño 
1 como hombre de partido, tengo que buscar las resultan- 
tes de opinión de la mayoria de mis corelijionarios. 

Dada la situación actual del pais se cree que debe apla- 
zarse por ahora esta reforma en su grado absoluto, con- 
servándose, sí, aquellas incompatibilidades, como las 
judiciales i las administrativas de mas directo carácter 
político, que son indispensables en las relaciones de los 
poderes públicos. 

La reforma tendente a entregar los delitos de imprenta 
a la justicia ordinaria, asegurará la libertad de la prensa 
en lugar de restrinjirla. En las democracias la responsabi- 
lidad humana debe ser amplia i completa. Todos los actos 
del ciudadano que puedan afectar los derechos i garantías 
de los demás, o que puedan comprometer la paz social, no 
deben nunca ampararse con situaciones privilejiadas, ni 
con prerrogativas de escepcion que tiendan a restrinjir 
o anular la responsabilidad individual. 

En casi todos los paises en que los delitos de imprenta 
son juzgados por jurados, es debido, nó al propósito de 
privilejiar esta clase de procesos, sino para equipararlos 
con el enjuiciamiento de los demás delitos o faltas del 
orden criminal. 

En Chile no existe el jurado para los delitos comunes; 
no haí entonces razón alguna para establecerlo con espe- 
cialidad i por vía de escepcion a los abusos de la j>rensa. 

La honorable Comisión mista ha reunido en un solo 
artículo todo lo de la Constitución relativo a facultades 
estraordinarias i a estado de sitio, agregando en forma 
específica lo que cree necesario para el Ejecutivo en caso 
de revolución. 

Los constituyentes de 1833 dieron al primitivo núme- 
ro 6.° del art. 3G, que corresponde al art. 27 de la nume- 



ración actual, redacción que autorizó en la práctica una 
verdadera dictadura. En efecto, a la sombra de la con- 
cesión de facultades estraordinarias, dio la administración 
Prieto leyes sobre enjuiciamiento civil que nada tenian 
que hacer con el orden público. En una palabra, el 
Congreso delegó sus facultades esencialmente legislati- 
vas, lo que es inaceptable ante la ciencia política e injus- 
tificable aun dentro de los sacrificios que soportan los 
ciudadanos en épocas estraordinarias para restablecer la 
paz pública. Estos errores provinieron de la falta de espe- 
cificación de las facultades delegables por el Congreso que 
existe en la Constitución del 33. 

La reforma de 1874 se fué al otro estremo i limitó 
exajeradamente el derecho del Congreso para armar al 
Ejecutivo de la fuerza suficiente para ahogar en su cuna 
un movimiento revolucionario. 

La Comisión mista propone un término medio i espe- 
cifica con claridad las únicas facultades que transitoria- 
mente puede delegar el Congreso. 

Las ventajas de las modificaciones relativas a las leyes 
constitucionales de presupuestos, contribuciones i fuerzas 
de mar i tierra han sido suficientemente demostradas en 
el curso del debate. 

Entre las reformas de mas trascendencia propuestas por 
el Ejecutivo i aceptadas por la Comisión mista, figura en 
primer lugar la sustitución del Veto absoluto por un Veto 
relativo. 

Según nuestro mecanismo constitucional, la última pa- 
labra de las leyes la tiene el Ejecutivo, cuando lógicamen- 
te debe tenerla el Congreso. Sin la voluntad del Presiden- 
te de la República no puede en un momento dado el Cuer- 
po Lejislativo ejercer sus funciones propias. 

El Veto fué gran concesión que se dio al pueblo 



— 60 — 

romano contra la aristocracia que lejislaba en el Senado 
de la capital del mundo antiguo. 

Pasan los años i los siglos i el Veto pasa de manos del 
pueblo al soberano. 

En el sistema representativo el Veto es uno de los 
grandes medios para equilibrar las relaciones entre el 
Poder Ejecutivo i el Lejislativo i factor importante en 
la moderación que debe presidir el estudio i promulga- 
ción de las leyes. No se comprende el equililibrio e inde- 
pendencia de los poderes públicos sin la existencia del 
Veto relativo. 

En el gobierno parlamentario el veto es inútil por 
cuanto los conflictos entre el Ministerio i el Congreso se 
resuelven, o con la renuncia del primero, o con la disolu- 
ción del segundo. 

En el sistema representativo los gabinetes son indepen- 
dientes del Parlamento i éste tiene un período de exis- 
tencia fijo. 

Por estas razones el Veto es arma sin uso i enmo- 
hecida en el parlamentarismo, i es factor tan indispen- 
sable en el sistema representativo que existe en todas las 
Constituciones que lo han adoptado i es usado a veces 
con tal frecuencia que Cleveland en su última adminis- 
tración de 4 años, vetó 300 proyectos de lei. 

En la Constitución de la Suiza no existe propiamente 
veto; pero a él equivale el derecho del pueblo para acep- 
tar o rechazar ciertas leyes que tienen carácter ad refe- 
rendum. 

De no menos importancia es la supresión de la Comi- 
sión Conservadora compensada con la concesión del de- 
recho al Congreso para convocarse a sí mismo. 

Esta institución, que en el pasado fué rodaje inútil i 
que en la última época se convirtió en foco revolucionario, 



— 61 — 

no existe casi en ningún pais de la Europa. En la Amé- 
rica la conservan el Perú, Méjico, Uruguai i Costa Rica. 

El objeto de esta institución es mantener las faculta- 
des inspectivas del Parlamento en su receso; pero esta 
corporación sin el derecho de convocar al Congreso, como, 
sucede en Chile, es de todo inútil. 

Es preferible que el Congreso pueda convocarse a sL 
mismo en épocas extraordinarias i cuando así lo exijan las 
conveniencias públicas, lo que no podrá suceder sino por 
mandato de mayoría respetable. 

La supresión del veto absoluto i la concesión al Con- 
greso del derecho de convocarse a sí mismo constituyen por 
sí solas las reformas mas liberales de la última época, refor-, 
mas destinadas a asegurar por vez primera en Chile la. 
independencia i vida propia del Poder Lejislativo. — 
(Aplausos). . > 

El Consejo de Estado, señor Presidente, es creación 
monárquica i cesárea que no corresponde a ninguno de los 
principios de la ciencia i a ninguna de las necesidades de^ 
las democracias republicanas. 

¿Qué significa el Consejo de Estado ante la filosofía^ 
política? 

¿Qué significa en el juego de las instituciones republi- 
canas? 

Nació en el despotismo, se mantiene en las monarquías 
para suplir las deficiencias de un príncipe hereditario i se 
conserva en las repúblicas de Francia i de Chile para res- 
trinjir i velar las responsabilidades que deben tener el 
Jefe del Estado i sus ministros. — (Bien! en varios ban- 
cos). 

O el Consejo de Estado es algo, o no es nada. 

Si es algo puede convertirse en gran obstáculo ad- 
ministrativo como sucedió el año pasado, época en que el 



— 62 — 

Consejo de Estado llegó "a ser uno de los senos en que 
jerniinó la revolución del 7 de enero. 

I si no es nada, debe suprimirse como rodaje inútil. 

Si el Jefe del Estado necesita de las luces de un buen 
consejero, allí están sus ministros, allí están sus correli- 
jionarios políticos, allí están todos los funcionarios públi- 
cos i allí están todos sus conciudadanos. — (Aplausos.) 

Un Consejo de Estado con facultades especiales, como 
el de Chile, es remedo de poder público sin ninguno de los 
requisitos que exije la ciencia para su jeneracion i compo- 
sición. 

En el seno de la Honorable Comisión mista hubo mu- 
cha discrepancia de opiniones acerca de la inamovilidad 
del Poder Judicial. 

Hubo eminente hombre público de Chile que sostu- 
vo la amovilidad de todos los funcionarios del orden ju- 
dicial. 

Hubo otros distinguidos miembros que aceptaron la 
inamovilidad solo para las Cortes Superiores. 

I hubo otros que, aceptando la inamovilidad, facilitaron 
la remoción de los jueces de letras. 

Por transacción, aceptaré lo último que fué lo que do- 
minó en la Comisión; pero esto no obsta para que esprese 
claramente a la Cámara mi resolución de defender por 
todos los medios que tenga a mi alcance la inamovili- 
dad del Poder Judicial, piedra angular del equilibrio 
social. 

El Poder Judicial, para que pueda cumplir bien su al- 
tísima misión legal i de orden público, necesita indispen- 
sablemente dos requisitos: imparcialidad e independencia. 

Estas calidades no podrán alcanzarse jamás sin que se 
asegure a los jueces la estabilidad de sus funciones, lo 
que nunca podrá obtenerse sino por medio de un sistema 



— 63 — 

de elección que deje su amplia libertad de acción al cri- 
terio del majistrado. 

En los paises donde los jueces son elejidos por el pue- 
blo, la amovilidad es requisito indispensable por lo mismo 
que es el pueblo el que designa a sus funcionarios. 

Pero no se puede hacer lo mismo cuando el Poder Ju- 
dicial no es elejido por el pueblo. El juez que se vé obli- 
gado para conservar su puesto, a obtener la^voluntad i el 
acuerdo de un poder público cualquiera, al fin sacrifica 
independencia e imparcialidad, i un poder público depen- 
diente de otros por una parte i por la otra sin imparciali- 
dad e independencia, deja de ser poder del Estado, para 
convertirse en institución peligrosa para la estabilidad so- 
cial i el buen gobierno. 

Salvo en Suiza, no hai un solo pais del mundo que se 
haya atrevido a implantar en absoluto la amovilidad del 
Poder Judicial. Es cierto que en los Estados Unidos la 
justicia de Estado es regularmente amovible i de duración 
limitada; pero la gran justicia, la justicia federal que es la 
que corresponde a la de nuestro sistema unitario, es ina- 
movible i vitalicia. En consecuencia, la famosa Corte 
Suprema de los Estados Unidos, las varias Cortes de 
Circuito i los numerosos majistrados de los diferentes 
Distritos judiciales en que está dividida la Gran Repúbli- 
ca de Norte América, son vitalicios. 

Lo mismo pasa en Inglaterra, en Francia, en Béljica, 
en Alemania, en Italia, en España, en Austria i en todos 
los demás paises cultos. 

En la práctica la inamovilidad del Poder Judicial en 
Chile no ha producido malos resultados i nuestra justicia, 
salvo dolorosas escepciones en la última época, ha hecho 
honor a nuestro prestijio, h,a cooperado con eficacia al 



— 64 — 

mantenimiento del orden social i ha tenido honrosa par- 
ticipación en el lustre de nuestro crédito exterior. 

La amovilidad de los jueces sin elección popular, seria 
obra de dislocación en Chile i echaría por tierra la inde- 
pendencia e imparcialidad del Poder Judicial. 

No puede por lo tanto el Gobierno aceptar refor- 
ma que tan seriamente comprometería la estabilidad de 
nuestras instituciones. 

La supresión del Consejo de Estado ha hecho necesa- 
rio entregar a alguien la solución de los conflictos entre 
los poderes Ejecutivo i Judicial. 

Dentro de la buena doctrina un conflicto es el resulta- 
do de la diverjencia de opiniones acerca de la aplicación 
de la leí. La esencia de un conflicto es cuestión con- 
tenciosa i por lo tanto de pertenencia esclusiva del Po- 
der Judicial, poder creado para resolver los conflictos 
que produce la lei en su aplicación. 

De aquí porque en teoría soi partidario de que esa clase 
de conflictos sean resueltos por la Corte Suprema. 

No ha pensado lo mismo la Honorable Comisión Mista 
i sé que con ella concurren muchos miembros del Congreso. 
Tienen temor en Chile, dados nuestros hábitos, conceder 
a Tribunal ordinario un derecho que podría tornarse en 
peligro para el Poder Ejecutivo i la administración del 
Estado. 

Me inclino ante estos escrúpulos i solo por transacción 
acepto el Tribunal de Conflictos que se crea, en forma 
injeniosa a mi juicio i que no será un cuarto poder del 
Estado. 

El sistema de nombramiento de jueces que propone el 

^Ejecutivo, es, a mi modo de ver, el mejor que existe en la 

práctica de los paises libres, salvo la importancia teórica 

del de elección popular, sistema que por lo demás ha pro • 



— 65 — 

ducido en su aplicación serios males i peligros que se ro- 
zan con la moralidad del Poder Judicial. 

Los sistemas que pueden practicarse, ademas del de 
elección popular, es el nombramiento de jueces por el 
Poder Ejecutivo, lo que seria despótico; por el Poder 
Lejislativo, lo que haria nacer una institución esencial- 
mente responsable, de otra irresponsable; por el Poder 
Judicial, lo que significa la jeneracion de un poder públi- 
co por sí mismo que equivaldría a dictadura perpetua; 
i por la combinación de poderes, único sistema que puede 
sustituirse con eficacia al de elección popular. 

En el proyecto, los Tribunales Superiores arrancan su 
existencia de los tres poderes fundamentales combinados 
de modo que ninguno de ellos se imponga por completo. 
El obstáculo mayor que ha encontrado en Chile a la 
autonomía municipal ha sido, señor Presidente, la confu- 
sión que se ha querido hacer entre las facultades de los 
diversos organismos sociales i políticos. 

Los unos, han querido absorver al Estado por el Mu- 
nicipio i han presentado como ideal un proyecto de Co- 
muna Autónoma que destruye por su base a ese Estado. 
Los otros, han querido absorver el Municipio por el 
Estado i creen que todo debe concentrarse en manos del 
Gobierno. 

Unos i otros desconocen los fines de la sociedad polí- 
tica i no distribuyen las fuerzas sociales en conformidad 
a la ciencia i a la esperiencia. 

En toda sociedad política existen a lo menos cuatro or- 
ganismos fundamentales: individuo, municipio, provincia 
o rejion, i estado. Cada uno de estos organismos debe po 
seer fuerzas de propulsión para que proporcionalmente 
llenen los fines de la sociedad política que son tres: orden) 
derecho i progreso* 

9 



— 66 — 

El ideal de una Constitución es aquel que reconozca a 
cada uno de estos factores la esfera de acción necesaria 
para que cumplan sus fines propios i para que cooperen 
a los fines jenerales. (Aplausos). 

No acepto a los socialistas o estatólatras que radican 
en el Estado todas las fuerzas sociales; tampoco acepto a 
los individualistas que reducen al Estado a simple poli- 
cial. Soi ecléctico en esta materia i estimo que en la Cons- 
titución debe armarse a cada organismo social de las fa- 
cultades, derechos i fuerzas suficientes para que la sociedad 
en jeneral obtenga sus grandes fines de orden, derecho i 
progreso. 

El proyecto en materias municipales, distribuye en dos 
líneas paralelas lo que debe ser del Estado i lo que debe 
ser del Municipio. De esta manera, por medio de una lei 
secundaria, podremos establecer la mas completa autono- 
mía municipal, sin comprometer con ello ni los intere- 
ses individuales, ni los provinciales, ni los del Estado. 
(Aplausos). 

El proyecto afianza i estatuye a firme el Estado docen- 
te i reconoce constitucionalmente la necesidad de la en- 
señanza primaria obligatoria. Solo así llegaremos al per- 
feccionamiento intelectual e industrial del pueblo. 

Un Estado que castiga, debe enseñar para prevenir los 
delitos con las luces de la instrucción; un Estado que se 
funda en el derecho electoral de los ciudadanos, debe en- 
señar para que esos ciudadanos ejerzan con sabiduría i 
conciencia su derecho de elejir. 

Sufrajio universal requiere instrucción universal. 

Una democracia ignorante dejenera en demagojia. 
(Aplausos). 

Me es mui doloroso como hombre de doctrina, como 
liberal i hasta como chileno, verme en ía obligación dé 



— 67 — 

pedir al Congreso que no toque el artículo 4.°, verdadero 
contrasentido en presencia de nuestro progreso político 
i social. [Aplausos). 

Pero, si porhoi pretendiéramos implantar nuestro ideal, 
o sea, la mas absoluta libertad de conciencia, daríamos a 
los revolucionarios bandera, i harían de la revolución 
cuestión teolójica que arrastraría en contra del Gobierno 
a los hogares i a la jente relijiosa. 

Es el mayor sacrificio que podemos hacer en el altar de 
la Patria i del orden público. (Nuevos aplausos). 

Las otras reformas propuestas están destinadas a lle- 
nar pequeños vacíos, a correjir errores de redacción, a or- 
denar las materias con mas lójica i esclarecer dudas que 
han surjido en la práctica. 

Haciendo la síntesis de los puntos dominantes de la re- 
forma constitucional tal como quedaría si se aprobara en 
todas sus paites, nos encontraríamos con que la nueva 
Carta Fundamental de la República representaría un gran 
progreso científico con respecto de la elaborada por los 
constituyentes del 33, aun con las modificaciones que ha 
esperimentado en los últimos treinta años. 

Basta comparar la situación en que permanecerá cada 
uno de los poderes del Estado para comprender la verdad 
de mi aserto. 

El Congreso Nacional quedará mas prestijioso con la 
facultad de convocarse así mismo, con la supresión del 
Veto absoluto, con la conclusión de la tutela ministerial 
ejercida por medio de la intervención del Gabinete en los 
debates parlamentarios, con la certidumbre de obtener la 
libertad electoral por medio del desinterés del Ejecutivo; 
con la facilidad que tendrán los partidos políticos para 
organizarse con mas independencia, con la reducción de 
las facultades fiscalízadoras a objetivos mas en armonía 



— 6$ — 

con el equilibrio de los poderes del Estado i con la eman- 
cipación del yugo de un antagonista que menoscababa 
seriamente la autonomía que debe tener la representación 
nacional. 

El Poder Judicial quedará mucho mas independiente 
que lo es en la actualidad, tanto por la supresión del 
Consejo de Estado como por la forma de su jeneracion. 

Al Presidente de la República se le arrebatan las atri- 
buciones lejislativas que conservaba en contradicción a la 
ciencia i a los derechos privativos del Congreso; se le su- 
prime el Consejo de Estado donde solia velar ante la opi 
nion las responsabilidades que le deben ser inseparables; 
se le quita la enorme facultad de resolver casi por sí 
mismo los conflictos de jurisdicción con el Poder Judicial 
i el Municipio; se robustece su responsabilidad constitu- 
cional con el derecho del Congreso para acusar a los Mi- 
nistros en cualquiera época del año, i para fiscalizar 
libremente i en cualquier tiempo la administración públi- 
ca; se le quita la intrusión constante en el Parlamento 
por medio de sus Ministros; se le quita su excesiva parti- 
cipación en el nombramiento de los jueces; i se le quitan 
otras numerosas influencias que crecen a la sombra de la 
centralización i confusión de poderes. 

En cambio, con la sola implantación del sistema re- 
presentativo queda mas fuerte aunque con menos atribu- 
ciones; queda mas dueño del conjunto de facultades que 
le corresponden por la lójica, por la filosofía política i por 
la naturaleza de las funciones que ejerce; i queda mas en 
situación para cumplir mejor sus fines sociales de urden 
público i de seguridad interior i esterior. 

¿Cómo es que el Poder Ejecutivo quedará mas fuerte 
no obstante haberse suprimido las facultades que le daban 
mayor intervención en la vida de los otros poderes del 



— 69 — 

Estado, es decir, que lo aproximaban a la dictadura i al 
despotismo? 

¿Cómo disminuyendo las atribuciones de un poder se 
robustece ese poder? 

El problema es mas sencillo de^lo que se presenta a la 
simple vista. 

Los males que han aquejado el organismo político de 
Chile en la última época han provenido esclusivamente 
de la confusión de poderes i de la mala distribución de la 
soberanía entre ellos. 

La falta de deslindes entre los poderes del Estado, 
ponía en eterno vaivén el centro de gravedad i de equili- 
brio. — Un dia la fuerza preponderante estaba en el Eje- 
cutivo, otro dia en el Congreso i otro dia en dos poderes 
puestos de acuerdo contra el tercero. Estas fluctuaciones 
menoscababan a su hora i por turno al poder o poderes 
públicos que pasaban de subordinantes a subordinados, 
ya por elección, ya por intriga política o ya por cualquier 
otro motivo ocasional. 

La reforma propuesta por el Ejecutivo i aceptada i 
ampliada por * la Comisión Mista, tiende a ponderar i 
compensar a los tres poderes dentro de su acción natural 
i de sus facultades también naturales. No pudiendo nin- 
guno de los poderes dominar al otro, se establecerá un 
conveniente equilibrio que hará posible la libertad e im- 
posible el despotismo. — (Aplausos). 

Así se esplica que quitando respectivamente a los di- 
versos poderes las atribuciones que tenían de mas ante la 
ciencia i distribuyéndolas con lójica, se llega a robustecer 
un poder, debilitándolo en apariencias. 

Aprobada la reforma por el actual Congreso Constitu- 
yente, estoi seguro que causará dolorosa impresión en el 
espíritu de nuestros adversarios. 



— 70 — 

Antes que el Ejecutivo presentara su proyecto de re- 
forma constitucional, decian ellos en la prensa estranjera, 
en sus periódicos de Iquique i al través de las rendijas dé 
los escondites donde viven la mayor parte, que el aotuaí 
Congreso i el Gobierno aprovecharían la preponderancia 
que tienen en la administración i en el cuerpo lejislativo, 
para concluir con las libertades públicas, para destruir 
todas las conquistas obtenidas por el Partido Liberal en 
el último cuarto de siglo, para hacer retrogradar nuestro 
sistema político i para convertir al Presidente de la Re- 
pública en dictador omnipotente i avasallador. 

¿Qué amarga descepcion la que esperimentarán si, como 
no lo dudo, presta aprobación el Congreso Constituyente 
a la reforma presentada por el Ejecutivo i ampliada por 
la Honorable Comisión Mista! 

El pais, nuestros conciudadanos i el mundo entero ve- 
rán entonces que hemos aprovechado el gran poder que 
tenemos para abrir mas luminosos horizontes a las liber- 
tades públicas, para fundar sobre cimientos de granito la 
independencia de los poderes del Estado, para dar mas 
sólidas seguridades a los derechos individuales, para ha- 
cer mas efectiva las responsabilidades en los diversos ór- 
denes de la administración i para hacer posible la pronta 
realización de gran parte de los mas bellos ideales que, 
como perlas escondidas en el fondo del mar, viven ocul- 
tos en el corazón del pueblo chileno.— (Grandes aplausos). 

Con la aprobación de la reforma halago en mi espíritu 
una esperanza que creo se tornará en realidad. 

Abrigo la jenerosa esperanza de que en el porvenir no 
habrá mas en Chile revoluciones producidas por anta- 
gonismo de poderes. 

Si el destino quiere seguir probando i haciendo sufrir 
a la sociedad chilena, que las revoluciones no nazcan de 



— 71 — 

errores i vacíos en nuestra Constitución, sino de la deses- 
peración del pueblo por anhelos i propósitos que ¿quiera 
Dios! encuentren siempre solución pacífica i en orden. — 
(Aplausos). 

La revolución comenzada el 7 de enero ha producido la 
reforma. 

No se por qué, señor Presidente, todas las grandes re- 
formas humanas están condenadas a llevar sobre su frente, 
como el Satán del gran poeta italiano, el sello del dolor, 
del sacrificio i hasta de la sangre. 

Hubiera sido preferible que se hubiera llegado a ella 
sin calvario, sin lágrimas i sin tantas angustias. 

Resignémonos con la suerte que se nos ha deparado, 
no con la resignación del paria, sino con la entereza, la 
altivez i enerjía de pueblos fuertes i de grandes destinos. 

Que de la sangre derramada salga la estabilidad futura 
de las instituciones de Chile! 

Que de entre las cenizas de tanto derrumbe i tanta 
ruina salga la luz que eternamente ilumine los senderos 
de nuestra República! 

Que de tantas amarguras, de tanto dolor i de tantas 
luchas fratricidas, pueda nuestra patria levantarse de nue- 
vo i entrar con derecho a la mansión de gloria i de pro- 
greso que se reserva a los pueblos que hacen del patrio- 
tismo un deber, del trabajo una relijion i de la honradez 
un culto.— ( Grandes aplausos en las galerías i en los báñ- 
eos de los diputados. Muchos de estos se acercan al orador 
i lo felicitan calurosamente). 



REPLICA 

Del señor Ministro del Interior don Julio 
Bañados Espinosa (i) 



(Sesión nocturna de la Cámara de Diputados en 20 de julio) 

Me veo obligado, involuntariamente, a terciar de nuevo 
en este debate, para contestar observaciones hechas por 
el honorable diputado, disiparle algunas dudas i poner 
en su verdadero terreno cuestiones de doctrina desnatura- 
lizadas o mal comprendidas. 

El honorable diputado por Cauquenes ocupó buena 
parte de la sesión del dia en rastrear con rara prolijidad 
los múltiples alcances i significados que puede tener la 
declaración de un Ministerio de renunciar, si el Congreso 
no aprueba en todo o en parte un proyecto de lei de ca- 
rácter trascendental. 

Pudo haberse ahorrado tan larga peregrinación al tra- 
vés de las prácticas parlamentarias de Chile i de otros 
paises, si, en vez de dejar traslucir en forma implícita i 
muí velada sospechas depresivas del actual Gabinete, hu- 



(1) Este discurso fue" pronunciado como réplica inmediata al honorable 
diputado por Cauquenes, don Raimundo Silva Cruz, que había atacado 
las bases sustanciales del proyecto de reforma del Ejecutivo, ampliado por 
la Comisión Mista de Diputados i Senadores. Lo agregamos en este folle- 
to, sin estar especificado en la carátula, por haber estado ya en prensa el 
discurso anterior, pronunciado en sesiones de 14 i 15 de julio. 



— 73 — 

biera salido por la puerta franca que la amistad i el soli- 
darismo político le tenían abierta de par en par. — (Aplau- 
sos). 

En efecto, la última o una de las últimas significaciones 
que Su Señoría encontró a tal misterio, que no es misterio 
i que por el contrario es situación bien definida, es la 
única verdadera, i sobre todo, la única compatible con el 
que habla i con el estado de sólidas relaciones de compa- 
ñerismo político que por felicidad existen entre el Minis- 
terio i el Congreso Constituyente. 

Tanto el Excmo. Presidente de la República, como el 
que habla i el Gabinete en jeneral, estiman que sus debe- 
res de patriotismo, de hombres de Estado, de servidores 
de una gran causa, i de miembros de un glorioso partido 
político, le imponen la obligación ineludible, no solo de 
sofocar la revolución, sino también de correjir sus causas 
i evitar su repetición en el porvenir, por medio de re- 
forma constitucional fundada en el sistema represen- 
tativo. 

Dominar la guerra civil i contribuir a su no repetición 
en el dia de mañana: — hé aquí para el Gobierno dos ideas 
inseparables entre sí. 

Poco seria lo uno sin lo otro. 

La reforma se impone en términos mas eficaces en el 
espíritu de la actual administración, porque las medidas 
de represión tomadas para restablecer el orden público, 
sin ir acompañadas de cambios en el réjimen existente, de 
aplicación de altas doctrinas de gobierno i de la defensa 
de ideas que constituyan bandera i programa en la vida 
política de un hombre i de un partido; esas medidas de 
contracción, lo repito, sin saludables modificaciones en la 
Carta Fundamental, medidas por lo demás tomadas aho- 
gando sentimientos naturales i solo por impulso de nece- 



— 74 — 

sidad nacional, se prestarían hoi i mañana a interpreta- 
ciones que echarían sombra a nuestro prestijio i a nuestro 
carácter moral. 

Vinculando al restablecimiento definitivo del orden pú- 
blico i a nuestro d acoro de hombres de estado, la reforma 
constitucional sobre la única base que estimamos compa- 
tible con la paz interior del porvenir; no debe estrañarse 
que dejemos nuestros puestos de responsabilidad i de 
sacrificio, si el Congreso Constituyente, dentro de su 
libertad de acción e independencia, piensa de modo diverso 
i opta por otro camino. 

Cuando se aceptan estos puestos de avanzada, se trae 
siempre en la mente un plan de Gobierno. 

El actual Gabinete espresó con claridad al presentarse 
por vez primera a este recinto, que perseguiría simultá- 
neamente el restablecimiento del orden público i una re- 
forma constitucional que evitara su repetición en el curso 
del tiempo. 

Esto no quiere decir, ni tiene su señoría ni nadie dere- 
cho ni fundamento para decirlo o darlo a entender entre 
líneas, abandonando así el seno de la corriente en que 
todos andamos para orillar aquí i allá con intención poco 
descubierta; no quiere decir, que el Ministerio pretenda 
hacer presión, arrebatar la independencia del Congreso, 
ni ahogar la libertad parlamentaria. — [Bien, mui bien, en 
varios bancos). 

Quiere decir que hemos subido al poder con progra- 
ma fijo, que sabemos defenderlo con lójica i que, dentro 
de las relaciones respetuosas de poder a poder, se puede 
discrepar en ideas, sin que ello comprometa el decoro ni 
la independencia de nadie. 

I esto que se refiere al Gobierno en jeneral, gravita con 
mas intensidad en el que habla. 



— 75 — 

Desde hace varios años, en la prensa, en obras, en el 
profesorado i en todos los órganos de opinión de que he 
podido valerme, he sostenido que el sistema representati- 
vo es el desiderátum en el conflicto de poderes, es el único 
remedio que existe en ciencia política contra esa terrible 
enfermedad que se llama: — duelo permanente entre el 
Ejecutivo i el Congreso. 

¿Cómo podia con honor conservar un puesto de di- 
rección política, si el Congreso, en la solución del gran 
problema de actualidad, en la solución de lo que ha pro- 
ducido la guerra civil que asóla ciudades i turba hogares, 
difiere radicalmente conmigo, se pone en abierta contra- 
dicción i conserva lo que en mi conciencia de hombre 
honrado i de ciudadano considero de muerte para el or- 
den constitucional, para la paz pública i para la felicidad 
de Chile? — (Aplausos). 

No debe con lójica ni con justicia darse a mi declara- 
ción ministerial otro alcance, que el levantado i patriótico 
que tiene. 

El honorable diputado por Cauquenes ha hecho gran- 
des esfuerzos para demostrar la poca oportunidad de la 
reforma, i da como razón principal la no concurrencia a 
nuestras deliberaciones de representantes de varios parti- 
dos políticos. 

Es decir, lo que su señoría quiere es que nos crucemos 
de brazos i montemos la guardia con estoicismo en los 
umbrales del Congreso, mientras la amnistía o los acon- 
tecimientos den entrada a los autores de la revolución, a 
ios que en estos momentos llenan de sangre el territorio 
de la República! — (Movimiento i aplausos). 

Nó, señor Presidente, jamas por jamas! 

Necesitamos tener el valor de la franqueza i la honra- 
dez de nuestras convicciones. 



— 76 — 

Ni la historia, ni los antecedentes nacionales i estran- 
jeros, sobre la materia, justificarian ni justifican que, como 
vírjenes necias, paralicemos nuestra acción de reforma, 
dejemos de hacer lo que creemos de redención para 
la patria, i nos quedemos en espera, mientras asisten 
a nuestros debates los que han producido la crisis i el 
desorden en nuestras instituciones, en nuestro crédito, 
en nuestra sociedad i en nuestros hogares. 

Es preciso que, como hombres que tienen en el alma 
el valor que dan la fé, el patriotismo i la responsabilidad 
política, sepamos arrostrar los acontecimientos i sepamos 
imponer todo aquello que consideremos indispensable 
para fundar sobre granito la paz del porvenir. — (Aplau- 
sos). 

Que esperen los que carecen de ese valor moral i de 
ese carácter. 

Yo por mi parte arrostro con valentía la situación con 
todas sus consecuencias. 

No espero a nadie; porque sé lo que de ellos puedo 
esperar. 

I como nosotros han obrado todos los autores de las 
mas famosas Constituciones. 

Me basta recordar las mismas que han servido de tema 
dominante en la discusión. 

Quiere decirme el honorable diputado por Cauquenes 
¿dónde estaban los vecindos de Lircay, mientras se discu- 
tía en la Gran Convención la Carta de 1833? 

¿Por ventura, tenían asiento en la Convención i con- 
currían a sus debates? 

Nó, señor Presidente; vivían en las cárceles o comían 
el amargo pan del destierro. — (Aplausos). 

I no obstante que su señoría ha dicho que las constitu- 
ciones que se hacen sin el concurso de todas las opi- 



— 77 — 

niones están condenadas a corta vida i a ser víctimas de 
reacciones inmediatas, la de 1833 ha vivido cerca de 
sesenta años. 

¿Quiere decirme también el honorable diputado por 
Cauquenes, si los autores de la Magna Carta, aquellos 
famosos barones que pusieron la primera piedra en el edi- 
ficio de las libertades inglesas, al redactar su grande obra 
consultaron a Juan sin Tierra i discutieron con los nobles 
que permanecieron fieles a su rei i señor? 

Nó, señor Presidente; Jos barones impusieron sus doc- 
trinas de gobierno i Juan sin Tierra i sus secuaces fueron 
obligados a acatarlas. 

I, sin embargo, esa Magna Carta, que se mantiene 
aun en sus puntos cardinales, lleva mas de seis siglos de 
existencia. 

¿Quiere decirme todavia el honorable diputado por 
Cauquenes, dónde estaban los partidarios del sistema 
colonial, mientras los fundadores de la Constitución de 
los Estados Unidos la discutian en la famosa Convención 
de Filadelfia? 

I, sin embargo, esa Constitución lleva mas de un siglo 
de existencia. 

Su señoría ha hecho demasiado hincapié en la Consti- 
tución francesa de 3 de setiembre de 1791; pero, si 
ha vivido poco, no es porque se diera en medio de la 
vorájine revolucionaria, sino porque en Francia, por mil 
causas que no es oportuno estudiar, ninguna Carta i 
ninguna forma de Gobierno han durado ni han sido 
estables. De modo que la observación no vale, porque 
lo mismo puede aplicarse a la de 1791 como a las 
quince Constituciones i Senados Consultos que le han se- 
guido hasta el dia de hoi, cualquiera que haya sido la si- 
tuación histórica en que se han promulgado. 



— 78 — 

Las constituciones humanas viven lo que el dominio de 
la causa que las enjendra. 

Si triunfamos, la reforma vivirá lo que dominen en 
Chile los hombres de orden, los que amando la libertad 
la fundan sobre la paz interior, los que siendo defensores 
convencidos de los derechos individuales bien definidos 
buscan el amparo de estos en el principio de autoridad 
tal como lo conciben la ciencia i la esperiencia. — [Aplau- 
sos). 

No se busque razones de organización social para de- 
mostrar la resistencia a inmediatas reformas en nuestro 
réjimen ¡eolítico. 

Podría probar, con el estudio de todas las Constitucio- 
nes que se han dado los pueblos cultos al través del tiem- 
po, que los cambios radicales en el sistema de gobierno 
han coincidido, casi en el noventa por ciento de los casos, 
con evoluciones profundas en la sociedad, con guerras ci- 
viles, con derrumbes de imperios, reinos i formas de 
Gobierno, con graves crisis en la vida orgánica de un 
pueblo, i con esas raras convulsiones que invierten el es- 
tado social de una nacionalidad. 

El honorable diputado por Cauquenes ha dicertado 
también con estension, para encontrar la fé de bautismo 
del sistema que yo llamo Representativo i, después de de- 
tenido análisis, nos ha dicho que le corresponde mejor el 
nombre de Gobierno de Presidente, como lo denomina 
Bagehot, por comprender el otro a los dos sistemas, tan- 
to el inventado por los ingleses como el ensayado desde 
hace mas de un siglo por los norte-americanos. 

Al llegar a la cima de sus investigaciones sobre el es- 
tado civil del sistema, ha creido quizas haber descubierto 
la piedra filosofal. — (Hilaridad). 

No, honorable Presidente. 



— 79 — 

Hasta los alumnos del primer año de derecho i hasta 
el que tenga solo las primeras nociones de ciencia política 
sabe i conoce que el sistema aplicado en Inglaterra se 
denomina indistintamente por los publicistas europeos i 
americanos: Gobierno Parlamentario, Parlamentarismo, 
Gobierno de Gabinete, o Sistema Ingles. Los mismos es- 
critores denominan al otro indistintamente: — Sistema Re- 
presentativo propiamente tal, Gobierno de Presidente o 
Sistema Americano. 

Tomando la palabra Representativo en su acepción je- 
nérica, es indiscutible, i nadie lo ha negado ni puesto en 
duda, que es aplicable a los dos sistemas, por cuanto en los 
dos se ejerce el Gobierno con representantes. 

Pero, si he escojido para el sistema ingles el nombre 
de Parlamentarismo i para el americano el de Representa- 
tivo, como lo hacen numerosos tratadistas, no es porque 
desconozca lo que todo el mundo conoce, o sea, que am- 
bos tipos de gobierno son representativos, sino porque 
esas denominaciones encarnan mejor la base sustancial de 
cada uno de los sistemas, i así se comprenden mejor por 
el público. 

En el sistema ingles el poder dominante es el Parla- 
mento i por ello lo llamo Parlamentarismo. 

En el americano no hai poder avasallado, los tres son 
independientes, luego la idea de la representación está 
mejor reflejada i por ello, para buscar al sistema el nom- 
bre que mejor sintetiza su fundamento característico, he 
optado por el de Representativo. 

Hé aquí todo. — [Aplausos). 

Es una cuestión mas docente que doctrinaria. 

Pero dejemos, señor Presidente, de ocuparnos de es- 
tas superficialidades i entremos al análisis hecho por el 



— 80 — 

honorable diputado en el sistema Representativo o Go- 
bierno de Presidente, como quiera llamarlo. 

Su señoría encuentra que en el proyecto del Ejecutivo, 
ampliado por la Comisión Mista, no se ha fundado este sis- 
tema, tal como lo exije la ciencia. 

Paia llegara tanestraño resultado, ha escojido un mé- 
todo de discusión mui cómodo i suficiente para destruir así 
todas las formas de gobierno aconsejados por los hombres 
de estudio i ensayados por los pueblos libres. 

No ha ido su señoría a buscar el oríjen i fundamentos 
del sistema en los principios científicos, sino en la aplica- 
ción que le ha dado un solo país. 

I todavia no ha estractado de la Constitución de este 
pais lo que en verdad constituyen los factores caracterís- 
ticos del sistema, sino lo que, siendo común al opuesto 
i hasta el gobierno despótico, ha servido mejor al honora- 
ble diputado para sostener que en el proyecto en discu- 
sión no está contenido el Gobierno Representativo. 

Con este método me comprometería a destruir todas 
las formas de gobierno, todas las escuelas políticas i to- 
dos los cuerpos de doctrina. 

Su señoría cree que las bases sustanciales del sistema 
representativo son tres: 

Responsabilidad del Jefe del Estado; 

Incompatibilidades Parlamentarias; i 

Descentralización Administrativa. 

¿Quién le ha dicho, qué tratadista, al honorable dipu- 
tado, que estos son los factores constitutivos i caracterís- 
ticos del sistema Representativo? 

¿De dónde ha deducido estas consecuencias de doctri- 
na, por demás estrañas? 

¿Dónde, en qué fuente política, ha ido a beber tales 
teorías? 



— 81 — 

Rechazo en absoluto el método que ha escojido su se- 
ñoría para encontrar las discrepancias de ambos sistemas 
i los principios que señala como sustanciales del Gobierno 
Representativo, propiamente tal. 

Rechazo el método, porque para buscar las diferencias 
entre dos objetos comparados, no hai que tomar lo que es 
común o puede ser común a ambos, sino lo que es carac- 
terístico de cada cual, lo que tiene el uno sin tenerlo el 
otro. : 

Se sabe, por ejemplo, que viven bajo el Parlamentaris- 
mo la Inglaterra, la España y la Béljica. Se sabe también 
que la facultad del Congreso para aprobar i conceder con- 
tribuciones es fundamental en dicho sistema de Gobierno. 

Pues bien, en ninguno de los tres paises existen reglas 
iguales en materia de contribuciones. 

En Inglaterra son permanentes las tres cuartas partes 
de las contribuciones i forman lo que se llama fondo conso- 
lidado; en España, cuando las contribuciones no hubiesen 
sido votadas «antes del primer dia del año económico si- 
guiente, rejirán las del año anterior»; i en Béljica el Con- 
greso no discute mas que las contribuciones fiscales, 
entregando a otras autoridades las provinciales i munici- 
pales, i dando duración vitalicia a la lista civil. 

Esta diversidad de reglas acerca de las contribuciones 
¿quiere decir que imprime diversa fisonomía de sistema al 
Gobierno? . •.„... 

Si siguiera el método de argumentación del honorable 
diputado por Cauquenes, con darle como base al Parla- 
mentarismo el derecho del Congreso en materia de con- 
tribuciones, me bastaria para sostener que ni en Béljica, 
ni en España habia Gobierno Parlamentario, no obstante 
ser de los paises mas parlamentaristas del mundo. 

A esta consecuencia se llega, tomando como puntos di- 

11 



— 82 — 

ferenciales o constitutivos de un sistema, lo que no le es 
característico, sino lo que le es común con otros. 

Las Incompatibilidades, la Descentralización i la Res- 
ponsabilidad del Jefe del Estado ¿son los rasgos caracte- 
rísticos del sistema representativo, son los que le impri- 
men fisonomía propia i distinta a la del Parlamentarismo? 

Salvo el último factor, los otros dos no figuran ni pue- 
den figurar como distintivos sustanciales de tal sistema. 

Las incompatibilidades existen i se defienden tanto en 
el sistema Bepresentativo como en el Parlamentario, i 
son de aquellas reformas que sirven de cimiento a las ins- 
tituciones de todo pueblo libre, cualquiera que sea el tipo 
de Gobierno en que viva, aunque sea el Misto como en 
Suiza. La independencia del Congreso respecto de la ad- 
ministración es tema defendido por los publicistas de 
todos los partidos, de todas las escuelas políticas i de 
todos los sistemas libres. 

Sin duda que los partidarios del Gobierno Representa- 
tivo, deben ser defensores mas enérjicos de las incompa- 
tibilidades, porque responde mejor a la división práctica 
de los poderes; i porque este sistema, cuyo fundamento 
científico es la independencia de los poderes del Estado, 
no pueden llegar a su perfeccionamiento ideal sin las in- 
compatibilidades absolutas. 

Pero, este factor no es distintivo especial de este siste- 
ma, tanto porque no se aplica en su ideal absoluto ni en 
los Estados Unidos, como porque se practica también en 
el Parlamentarismo. 

Así, ni en los Estados Unidos, ni en Méjico, ni en la 
República Arjentina, ni en el Brasil de hoi dia, ni en la 
Suiza, ni en la Alemania, paises donde teórica o práctica- 
mente se ensaya el sistema Representativo, existen las 
Incompatibilidades absolutas. 



— 83 — 

En cambio, en países parlamentarios como Béljica es 
donde se aplican con mas rigor. 

Dentro de los países con réjimen Representativo exis- 
te también escala en materia de aplicación de las In- 
compatibilidades. 

No se puede, pues, con lójica sostener que las Incom- 
patibilidades sean elemento característico del Gobierno 
Representativo, i sobre todo base diferencial entre este i 
el otro. 

Las acepto como necesarias en ambos tipos de Gobier- 
no i para la marcha regular de las instituciones en todo 
pueblo libre. 

La Descentralización tampoco es distintivo caracterís- 
tico del sistema representativo, i no lo es por la muí sen- 
cilla razón de que se aplica tanto en el Parlamentarismo 
como en el Gobierno de Presidente. 

La cuna del Parlamentarismo es la Inglaterra ¿i hai 
pais mas descentralizado que este? 

Es una verdadera confederación, no solo en la Gran 
Bretaña, sino en sus numerosas colonias. 

La nación que con mas éxito ha aplicado el Parlamen- 
tarismo después de Inglaterra, es la Béljica ¿i hai pais 
unitario mas descentralizado que este? 

La Italia que vive también a la sombra del Parlamen- 
tarismo ¿no es también una verdadera confederación muí 
descentralizada? 

Las últimas leyes provinciales i municipales en Fran- 
cia i en España, países también parlamentarios ¿no han 
echado en estos países los cimientos de la mas completa 
descentralización? 

Luego la descentralización es factor común a todos los 
sistemas de gobierno, i luego no puede ser distintivo es- 
pecial de uno de ellos, — (Bien, mmbien, en varios bancos). 



— 84 — 

I esto proviene de que la descentralización nada, abso- 
lutamente nada tiene que hacer con las relaciones de los 
poderes públicos entre sí. 

La descentralización afecta esclusivamente a la organi- 
zación interior i económica del Poder Ejecutivo, centro 
de la administración. Puede este poder público estar su- 
bordinado o no al Parlamento, con o sin descentralización. 
El Parlamentarismo i el sistema Representativo se des- 
envuelven dentro de la mayor o menor aproximación o 
dependencia de los poderes Ejecutivo i Lejislativo; en 
cambio la descentralización está fundada en la mayor o 
menor independencia i separación de los servicios admi- 
nistrativos. 

La descentralización suele comprender a otros poderes 
del Estado, solo cuando se trata de una Confederación o 
de una Federación, o sea, de distribución de la soberanía. 
He dicho que de los tres fundamentos sustanciales que 
ha dado el honorable diputado por Cauquenes al sistema 
representativo, solo a la responsabilidad del Jefe del Es- 
tado le corresponde tal denominación. 

En verdad, la responsabilidad del Primer Majistrado 
de la nación solo se ve en el sistema Representativo i no 
puede verse, sin caerse en absurdo, en el Parlamenta- 
rismo. 

Siendo este carácter peculiar de un sistema, sin que 
lo tenga ni deba tenerlo el otro, puede sostenerse con ló- 
jica que es rasgo sustancialmente diferencial entre los dos. 
Antes de saber si este distintivo está indicado para 
Chile en el proyecto en discusión, busquemos las bases 
verdaderas de diferencia entre el Gobierno representativo 
i el parlamentario. 

Distingo dos cosas: la diferencia fundamental i las dis- 
tinciones secundarias o complementarias de los sistemas. 



La diferencia fundamental estriba esclusivamente en 

LA SEPARACIÓN O INDEPENDENCIA DE LOS PODERES EJECUTIVO 

i Lejjslativo, o lo que es lo mismo, en la distribución de 
la soberanía nacional entre los poderes del Estado en ra- 
zón de la función propia que científicamente a cada uno 
les corresponde. 

En el gobierno Parlamentario los poderes Ejecutivo i 
Lejislativo está confundidos. 

Por la inversa, en el Representativo están separados i 
son independientes. 

He aquí la esencia de ambos sistemas; he aquí la trama 
interior de ambos tipos de gobierno libre. 

Son distintivos complementarios los que siguen: 

1.° Limitación de las atribuciones de los poderes Eje- 
cutivo i Lejislativo; 

2.° Gabinete irresponsable por su actitud política i 
eminentemente administrativo i separado de las luchas 
parlamentarias; 

3.° Un Jefe de Estado responsable i que gobierne; 

4.° Existencia de un Veto Limitado; 

5.° Congresos con períodos de duración fija, en contra- 
posición a parlamentos disolubles por voluntad del So- 
berano. 

I estos son distintivos característicos del sistema Re- 
presentativo, porque no existen en el opuesto. 

En el Parlamentarismo el Congreso no es limitado i 
absorbe al Ejecutivo; el Gabinete es esencialmente polí- 
tico; el Jefe del Estado es irresponsable; no hai Veto o 
no puede funcionar en razón de que presupone Ejecuti- 
vos en minoría con respecto de la mayoría parlamentaria; 
i los Congresos pueden ser disueltos por el Soberano. 

Luego estos úlmos factores, a la vez que son caracte- 
rísticos del Parlamentarismo i que no son comunes a los^ 



— 86 — 

dos tipos de Gobierno, están en contraposición a los del 
sistema Representativo. 

Luego, son rasgos diferenciales. — (Bien, mui bien, en 
varios bancos). 

Apliquemos, ahora, señor Presidente, estos rasgos di- 
ferenciales al proyecto en discusión. 

¿Existe la diferencia fundamental? 

Dentro del proyecto los poderes Ejecutivo i Lejislati- 
vo estarán separados e independientes. 

No tendrán otra dependencia que las que responden a 
la defensa de ellos mismos contra las usurpaciones de los 
otros, como ser el derecho de acusación en el Congreso 
contra funcionarios del Ejecutivo i del Poder Judicial, i 
el Veto en el Presidente de la República para equilibrar 
sus facultades contra posibles exajeraciones del Parla- 
mento. 

Existen, ademas: 1.° la limitación de poderes en el Eje- 
cutivo i el Lejislativo, para que en ningún caso puedan 
absorverse el uno al otro o entrabarse respectivamente la 
marcha recular como sucedía antes con el Veto absoluto 
i el pretendido derecho del Congreso de aplazar las leyes 
de contribuciones, de presupuestos i de fuerzas de mar i 
tierra; 2.° Gabinete administrativo i no político, por lo 
tanto separado de las luchas parlamentarias; 3.° Jefe del 
Estado responsable; 4.° el Veto limitado; i 5.° Congreso 
no disoluble por voluntad del Soberano. 

Dentro del proyecto en debate el Gobierno de Chile 
tendrá todos i cada uno de los distintivos fundamentales 
i secundarios del sistema Representativo; luego, es Re- 
presentativo, i no Parlamentario, ni mucho menos será 
el soñado hacinamiento que el honorable diputado por 
Cauquenes ha deducido como consecuencia de su falta de 
exactitud i de lójica en su estudio constitutivo i diferen- 



— 87 — 

cial de ambos tipos de organización política. — (Bien, muí 
bien, en varios bancos). 

Para borrar hasta la última sombra de duda sobre la 
materia, estudiaré rápidamente la responsabilidad presi- 
dencial, tal como está en el proyecto, i el carácter políti- 
co que le ha encontrado al Gabinete, tal como se conser- 
va, el honorable diputado por Cauquenes. 

Es cierto que el Presidente de la República queda irres- 
ponsable durante su Gobierno; pero, también es cierto, 
que se reserva al Gabinete una responsabilidad directa i 
personal por cada acto del Jefe del Estado durante su 
administración, acto por lo demás que no puede consu- 
marse sin la firma del Ministro respectivo; i se reserva al 
mismo Presidente una responsabilidad, después que deje 
el poder. 

Este sistema no lastima en lo menor la responsabilidad 
que exije la ciencia para los funcionarios públicos. Desde 
que el Presidente de la República no puede nombrar ni 
un portero sin la firma de un Ministro, desde que cadx 
Ministro puede ser diaria i constantemente acusado por 
el Congreso por todos sus actos, i desde que el Presiden- 
te mismo responde después de los actos principales con- 
sumados durante su Gobierno, es evidente que la respon- 
sabilidad presidencial existe con vigor i no queda compro- 
metida en el proyecto. 

Parece que el honorable diputado por Cauquenes exije 
la responsabilidad presidencial, lo mismo que la división 
de poderes, para el sistema representativo tan solo por- 
que existe en los Estados Unidos 

No, señor Presidente. 

La responsabilidad de los funcionarios públicos tiene 
un fundamento científico que es hoí axioma indiscu- 
tible i que es de la esencia del Gobierno democrático. 



— 88 — 

No puede ejercerse un mandato sin responder de él. 

Hé aquí el axioma, tanto en derecho civil, como en 
derecho constitucional. 

De modo que el ejercicio del Gobierno, resultado de la 
delegación de un mandato popular, presupone responsa- 
bilidad proporcional i correlativa. 

Todo funcionario, aunque tenga parte infinitesimal 
de poder, debe responder también de sus actos, aunque 
sea en forma infinitesimal. 

Tal es la doctrina científica. 

Si no pido la responsabilidad directa del Presidente de 
la República, durante su Gobierno, es por la situación de 
actualidad, es para asegurar con éxito el ensayo del nue- 
vo sistema, i es para evitar que mañana, antes de que se 
arraiguen mas los buenos hábitos de Gobierno, puede con- 
vertirse la acusación al Jefe del Estado, en arma de par- 
tido peligrosa para la estabilidad de las instituciones, 
para el principio de autoridad i para el orden público. — 
(Aplausos). 

La responsabilidad supletoria de los Ministros sobre los 
actos del Presidente, si puede contraer la libertad de 
éste, no compromete ni al Congreso, ni a la administra- 
ción, ni a la fiscalización de los servicios públicos. 

La división de poderes tiene también un oríjen basado 
en la ciencia i seria lójico aunque lo hubieran o no aplica- 
do los Estados Unidos. Esta teoría de Gobierno, no fué 
inventada ni por Washington, ni por Hamilton, ni por 
Franklin, ni por Madison, ni por los demás ilustres con- 
vencionales que redactaron la Constitución de la Gran 
República de Norte América; fué adivinada primero por 
Aristóteles, sospechada después por Cicerón, defendida 
en la Edad Media por Bodin i convertida en verdad cien- 



— 89 — 

tífica en el siglo XVIII por el inmortal Montesquieu. — > 
(Aplausos). 

No es verdad, señor Presidente, que en el proyecto de 
la Comisión se sostenga un Ministerio político i no ad- 
ministrativo. , 

¿De dónde deduce ésto el honorable Diputado por Cau- 
quenes? 

No ha de ser de la responsabilidad de, los Ministros 
desde que se les deja solo la administrativa, solo la que 
les corresponde como funcionarios públicos, i solo la que 
existe en todos los países que tienen sistema representati- 
vo. En los Estados Unidos, por lei de carácter constitu- 
cional i por mandato jenérico de la misma Constitución, 
en la República Arjentina, en el Brasil, en Méjico, en 
Suiza i en Alemania, los Secretarios de Estado son res-" 
ponsables de sus actos ante el Congreso. 

No ha de ser tampoeo de la no concurrencia de ellos 
a las sesiones del Congreso, ya que esto es lo esencial en 
el parlamentarismo. De la asistencia de los Ministros al 
Congreso, nacen las interpelaciones permanentes, el des- 
crédito personal de los Gabinetes, los votos de censura i 
la dependencia del Ejecutivo al Parlamento. 

Nada de esto se producirá dentro del Proyecto de la 
Comisión, ya que los Ministros son incompatibles con el 
puesto de Diputado o Senador, i no podrán concurrir a 
las sesiones del Congreso. 

No queda, en consecuencia, razón alguna que autorice 
decir que en el Proyecto el Ministerio tiene carácter po- 
lítico. 

. Será pura i esclusivamente administrativo. (Bien, mui 
bien, en varios bancos). 

. De este análisis rápido, complemento de lo que tuve el 
honor de decir al abrirse la presente discusión, se des- 



— 90 — 

prende que en el Proyecto del Ejecutivo, ampliado por la 
Comisión Mista, no existe el hacinamiento imajinado por 
el honorable Diputado por Cauquenes. Está fundado en 
las verdaderas bases del sistema representativo, tiene to- 
dos sus requisitos sustanciales i no se conserva nada pe • 
culiar del parlamentarismo. 

Carece entonces de justicia i de lójica en sus comenta- 
rios i en sus críticas. 

Profunda estrañeza ha producido al honorable Diputa- 
do por Cauquenes el que las leyes de contribuciones du- 
ren mientras no sean derogadas por otras. 

Tanto el Ejecutivo como la honorable Comisión Mista 
persiguen en esta reforma la no posible repetición del apla- 
zamiento que llevó a cabo el Congreso pasado i que fué el 
punto inicial del conflicto i de la revolución que todos co- 
nocen. 

En manera alguna tal reforma puede significar res- 
tricción del amplio derecho del Congreso para crear o su- 
primir cualquiera clase de contribuciones. 

La tendencia constitucional moderna es dar a las leyes 
de subsidios la mayor estabilidad posible, por lo mismo 
que están en íntima relación con el mantenimiento del or- 
den público. 

Así, cerca de las tres cuartas partes de las contribucio- 
nes en Inglaterra, que forman el fondo consolidado, no 
son discutidas anualmente por el Congreso i duran mien- 
tras no sean derogadas por lei especial. 

En los Estados Unidos pasa lo mismo i con mas esten- 
sion. 

En la República Arjentina solo las contribuciones di- 
rectas se dan con plazo determinado. 

Esto no obsta para que, haciéndose imposible la repe- 
tición del aplazamiento en la forma consumada por el Con- 



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greso pasado, se pueda reformar la Constitución con la 
claridad suficiente para que en ningún caso pueda entra- 
barse el libre derecho del poder Lejislativo para crear o 
suprimir contribuciones. 

En una palabra, el pensamiento dominante del Gobierno 
es que por ningún motivo ni circunstancia pueda la lei de 
contribuciones tener carácter político i que pueda per- 
der por un solo instante su único carácter administrativo 
i económico. 

En el Parlamentarismo, por medio del derecho de diso- 
lución i en el sistema Representativo, la concesión de sub- 
sidios ha perdido ya en la época moderna casi por com- 
pleto el carácter político que en siglos pasados tuvo en 
Inglaterra. 

Ha sido mal interpretada por el honorable Diputado 
por Cauquenes, la redacción dada por la Comisión Mista 
al derecho concedido al Congreso para convocarse a si 
mismo en época estraordinaria. La especificación de las 
materias para cuyo estudio se convoca, no restrinjen su 
derecho i solo lo equipara al procedimiento impuesto por 
la Constitución al mismo Presidente de la República 
cuando convoca a las Cámaras a sesiones estraordi- 
narias. 

Las observaciones hechas por Su Señoría a la reforma, 
referente al estudio previo que una Comisión Mista de 
Diputados i Senadores debe hacer a los tratados interna- 
cionales antes de firmarse i considerarse como proyectos de 
lei, carecen de todo fundamento i solo pueden provenir de 
que no se haya leido bien lo propuesto. 

Hai equivocación en creer que haya siquiera pasan- 
do por la mente de la Comisión la idea de perfeccionar 
los tratados internacionales sin la aprobación de ambas 
Cámaras, como sucede con todas las leyes comunes. 



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Donde Su Señoría ha creido ver sustitución, existe solo 
agregación. (Hilaridad). 

La Comisión Mista en vez de restrinjir las facultades 
del Congreso en materia de tratados internacionales, las 
ha aumentado, dándole intervención, no solo en la aproba- 
ción definitiva de ellos, sino también en su preparación 
inicial. 

El honorable Diputado por Cauquenes ha atacado con 
crudeza la reforma propuesta por la Comisión Mista 
sobre la remoción de los jueces de letras por acuerdo 
del Presidente de la República con el Senado. La obje- 
ción de su Señoría se funda en que tanto el Senado co- 
mo el Poder Ejecutivo son instituciones políticas i care- 
cen, en consecuencia, de la imparcialidad que conviene 
conservar con el Poder Judicial. 

El que habla, como su Señoría, es partidario de la ina- 
movilidad del Poder Judicial, i solo por transacción im- 
periosa aceptaré en esa parte la reforma propuesta por la 
Comisión Mista. 

Pero la rechazo, no porque el Senado i el Ejecutivo 
sean instituciones políticas, sino porque ese sistema de se- 
paración de los jueces de primera instancia, aunque remo- 
tamente, puede comprometer la inamovilidad de parte 
del Poder Judicial. 

Sabe la Honorable Cámara, que es raro el Parlamento 
del mundo, comenzando por el de Chile, que no conceda 
al Congreso, que es cuerpo político, el derecho de acusar 
a los altos funcionarios del Poder Judicial. 

Esta facultad os sustancia] en todas las formas de Go- 
bierno libre, porque es el único freno que tiene el Poder 
Judicial cuando quiere invadir las atribuciones de otros 
poderes o cuando comete delitos que pueden quedar im- 



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punes por aquello de que nadie se condena a sí mismo, 
ni puede ser juez competente en sus propias faltas. 

La facultad del Congreso para acusar a los altos fun- 
cionarios del Poder Judicial, es sólida garantía para el 
equilibrio de los poderes públicos, para la seguridad del 
orden social i para la correcta aplicación de la justicia. 

No amplío mas las observaciones que podia hacer al 
discurso del honorable Diputado por Cauquenes, porque 
casi la totalidad de sus argumentos han sido ya analizados 
por el que habla en la primera vez que hice uso de la pa- 
labra i por la mayor parte de los Diputados que han ter- 
ciado en el gran debate en que estamos empeñados. 

Tengo la convicción de que los puntos cardinales de la 
argumentación del honorable Diputado por Cauquenes, 
han sido destruidos por su base, como que están en abier- 
ta contradicción con la historia i con la ciencia política. 
[Grandes aplausos en los bancos de los Diputados i en las 
galerías. Muchos Diputados se acercan al orador i lo jeli- 
citan). 

El señor Silva Cruz (don Raimundo). — Pido la pa- 
labra. 

El señor Allendes (Presidente). — Habiendo pasado la 
hora reglamentaria, se suspende la sesión, quedando Su 
Señoría con la palabra. 

Se levantó la sesión a las 11 h. 40 m, P. M. 



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